miércoles, 2 de noviembre de 2011

ANTECEDENTES HISTORICOS DE LA POBREZA


ANTECEDENTES HISTORICOS DE LA POBREZA
La pobreza representa un grave problema social que tiene implicaciones éticas, económicas y políticas consideradas como de primer orden. Sectores muy amplios de la población en nuestro Continente están afectados actualmente por una marcada situación de desempleo, de abandono, de hambre, de desnutrición y de marginalidad. Esta condición atenta contra los derechos humanos y coloca, al gran número de personas afectadas, en situación de constante desasosiego social por lo que la estabilidad democrática en muchos países Latinoamericanos se ve seriamente comprometida, ya que es difícil el pensar que ella pueda afianzarse en tanto grandes sectores son excluidos de la economía y de la sociedad.
La pobreza existente en Latinoamérica, es un reflejo de la gran desigualdad que atenta contra el crecimiento económico, que dificulta los procesos de integración e impide que se den las condiciones deseadas para afrontar las exigencias del desarrollo y garantizar la seguridad del continente.
¿Cuál es la situación de la pobreza en la basta región del Continente Americano y del Mar Caribe, en momentos en que nos acercamos a finales del Siglo XX y enfrentamos un proceso de integración económica regional que busca concertar mecanismos a futuro para una completa unificación?, ¿Cómo se proyecta hacia el venidero milenio el problema generado por la escasez de que padecen todo ese gran número de seres humanos afectados por la condición de miseria?, ¿Representa este problema social una amenaza para la seguridad del continente?.
Estas interrogantes, han orientado el esfuerzo para la realización de esta Monografía, trabajo de investigación, meramente documental, en el cual he abordado el tema, describiendo aspectos que he considerado necesarios para su comprensión, a la luz de la información existente en estudios pormenorizados del tema y datos aportados por Informes realizados en Organismos e Instituciones especializados. 
En un Primer Capítulo se ha realizado un esbozo sobre la Historia de la pobreza y se han relacionado términos que permiten comprender los elementos básicos que infieren en la identificación de las categorías y clasificaciones, hasta ahora empleadas, para aclarar los conceptos sobre la pobreza y la marginalidad.
 El enfoque de la situación actual de la pobreza en Latinoamérica constituye el segundo tema a abordar. Buscamos en el responder a las siguientes interrogantes: ¿Cómo ha evolucionado? ¿De que manera se ha ido expandiendo?, ¿Cuales son sus características, causas y consecuencias?. ¿Qué sectores de la población han sido más afectados?.
La inestabilidad social que genera la pobreza impulsa a la adopción del delito como un medio para obtener riqueza, no importa para muchos si su aceptación posee, o no, legalidad. Esta realidad ocupa el Tercer Capítulo de este trabajo, donde se explican los efectos del crecimiento descontrolado de la población, de las grandes concentraciones urbanas, de los efectos desmedidos producidos por las penurias a que conlleva la miseria y la marginalidad.
En un Cuarto Capítulo se describe el efecto de la pobreza sobre esa extensa región en la que hemos agrupado, bajo el nombre de “América Latina” o  “Latinoamérica”, a los países que conforman el Continente Americano y la región del Caribe. ¿Cómo se vislumbra el futuro en esta región? ¿Existen o no alternativas para la reducción futura o erradicación definitiva de la pobreza? ¿Qué hacer para enfrentarla y reducir sus efectos?.
En las conclusiones se enfocan los aspectos considerados como mas importantes para clarificar la magnitud del problema, sin olvidar que por su misma naturaleza, la pobreza y la marginalidad constituyen una macro dificultad, con especie de autonomía viral, que ataca de manera diferente a los países del continente y que podría tener fácil cura pero que de manera general tiene pronóstico reservado y características de peste maligna que se disgrega en nuestras sociedades rompiendo los sueños de verla erradicada por completo ya que las cifras indican, muy a pesar de las ligeras mejoras obtenidas, que la tendencia de la pobreza podría continuar siendo ascendente.

CAPITULO I.
LA POBREZA. GENERALIDADES Y CONCEPTOS.


Historia de la Pobreza:
 Como lo refleja la Biblia, en muchos de sus paisajes, la pobreza es parte de la historia misma de la humanidad, siempre se le ha considerado como una situación normal en la vida del hombre. Los escritos de la antigüedad reflejan como la escasez de alimentos y el hambre eran algo crónico y común.
 Durante la edad media aparecen las primeras manifestaciones de pobreza. Precarias viviendas sirvieron de morada al hombre y su familia. Estas, con una sola habitación en unos casos, y con un máximo de dos en otros, se constituyeron en casas que fueron el producto de construcciones rústicas y ordinarias, carentes de los servicios básicos, donde el desconocimiento de las más elementales normas de higiene agravaba las condiciones precarias de vida en las que habitaban miles de personas. Otro de los fenómenos habituales para la época era el hambre, las costumbres medievales permitían apreciar una notoria contraposición entre opíparos banquetes, de los que disfrutaban las personas que integraban las clases sociales más nobles y la inanición en que se debatían otras menos afortunadas.
 Durante el siglo XIII y las siguientes tres centúrias el hambre continuó. “Entre 1201 y 1600 el ritmo de su crecimiento y propagación se mantuvo constante: Siete épocas de hambre y diez años de escasez de alimentos a lo largo de cada siglo”.[1][1]
 El hambre y la escasez han acompañado por siglos la evolución de la vida del hombre, múltiples capítulos de la historia de la humanidad así lo reflejan, largos períodos de hambre generaron muerte y miseria. Esas largas jornadas de hambruna fueron manifestaciones intensas de la pobreza.
 La pobreza se ha mantenido durante siglos como un enquistado mal difícil de exterminar. En 1798, el clérigo ingles Thomas R. Malthus[2][2] dejó saber, mediante un ensayo publicado, sus conclusiones acerca de la constante tendencia observada en la población a crecer por encima de la producción y la capacidad de abastecimiento de alimentos. Esta anomalía, sin un control adecuado absolutamente necesario, siempre arrastraría a la masa humana al hambre, a la enfermedad y a la guerra. La pobreza era para él, en sus consideraciones, un algo inevitable para la mayoría de los seres humanos.
 Para mediados del Siglo XVIII, durante la llamada “Revolución Industrial”, se produjeron cambios y la producción comenzó a registrar un aumento progresivo. Pero este fenómeno también involucraba el incremento de la población, el cual para inicios del siglo XIX ya mediaba en un 50%. Disminuyó el índice de mortalidad y aumentó la producción de alimentos, surgiendo además otros recursos que ayudaban a abastecer a un gran número de personas.[3][3]
 El Siglo XIX fue el siglo de la explosión demográfica, en ese período la humanidad creció más de lo que lo había hecho en millones de años. Pero, de la misma manera como esto sucedió, continuaron produciéndose nuevos acontecimientos que generaron hambre en la India, Irlanda, China y la URSS, por mencionar algunas de las regiones del mundo más importantes que fueron afectadas. Curiosamente, estas grandes crisis, no afectaron mayormente los países del mundo occidental.
 Actualmente, el hambre y la escasez todavía prevalecen con sus amargas y terribles consecuencias, sin que este problema se haya logrado reducir significativamente o eliminar en nuestro continente.
            Para América Latina la pobreza ha sido siempre un flagelo en constante evolución, que toma fuerzas y abarca, con sus tentáculos, un elevado porcentaje de la población. A la pobreza, como mal de la sociedad, debe cortársele el paso, combatirla, reducirla progresivamente hasta erradicarla. Es por ello que en nuestros Países, a través de nuestros gobiernos y nuestras sociedades, debemos hacernos eco de la advertencia que hace muchos años lanzó el Sr. James Grant, Director General de la UNICEF, quien señalaba que en pobreza “lo peor todavía esta por venir” y por ello debemos prepararnos para producir las transformaciones necesarias, tomando las previsiones para actuar antes de que sea demasiado tarde.


Concepciones con Respecto a la Pobreza:
 Hablar sobre el concepto del vocablo “pobreza” constituye un aspecto necesario y determinante para aclarar el contenido de un trabajo como este. Esta palabra ha sido poco conceptuada en los miles de libros y artículos que se han publicado hasta el presente, por considerar muchos autores que se conoce con exactitud de lo que se está hablando.
 El concepto de pobreza es muy genérico e impreciso. La historia conceptúa al "Rico” y al “Pobre” como si fueran dos naciones, cuando en realidad no se puede determinar con precisión cuando se está dentro de una categoría o donde está el punto medio entre ambas condiciones, siempre habrá una porción, un tercio, un quinto o un décimo de la población que tendrá el mas bajo nivel de ingresos o de capital, por lo cual el término “pobreza” se torna cada vez mas subjetivo y complicado de precisar.
 Algunos autores e investigadores, desde hace mas de medio siglo, han coincidido en establecer que la pobreza es un mal social, una condición que estratifica al ser humano que vive dentro de una sociedad. La catalogan como un sustantivo que identifica una degeneración social, mientras que otros la expresan en conocimiento de lo complejo y extenso de lo que encierra el concepto en sí.
 Entre las opiniones, mayormente manejadas, capaces de conceptuar de manera diferente a la pobreza tenemos:
 ·     “La pobreza es intrínseca de la misma naturaleza humana, cuando no nos sentimos satisfechos, cuando vemos que otros viven mejor que nosotros.” [4][4]

 ·     “Se entiende por pobreza la condición social que agrupa a aquellos que actualmente no pueden tener un nivel de vida decente, aquellos cuyas necesidades básicas superan la capacidad de sus medios para satisfacerlas”[5][5].
 ·     “La pobreza es la incapacidad de satisfacer las necesidades mínimas”[6][6]. 
 En los dos últimos conceptos se deben destacar la presencia de los vocablos “necesidades” y “decente” por considerarlos como elementos claves para relacionar la idea de lo que se quiere conceptuar, aunque debe quedar claro que cada uno de nosotros puede tener su propia concepción de lo que es un nivel “decente” y cada familia la idea de lo que son sus “necesidades”. Cuando se habla de “necesidad” o de “necesidades” me refiero a aquellas aspiraciones básicas a las que todo hombre desea acceder para adquirir una condición de vida adecuada, apropiada al medio social en el cual se desenvuelve. A estas urgencias básicas se les denomina alimento, vestido, educación, salud y otras tantas semejantes que le permiten al ser humano darse a sí mismo y a su grupo familiar la capacidad de vivir y desarrollarse con holgura dentro de su medio social, ambiente en el cual quiere y debe ser un ente participativo en el proceso de producción de la riqueza y disfrute de sus beneficios.
 Cuando me refiero al término “decente” o al vocablo “decencia” estoy aludiendo una condición derivada del logro efectivo y satisfactorio de las necesidades primarias lo cual facilita, al hombre y su familia, el disfrute de las comodidades requeridas para vivir con desahogo, para desenvolverse en un ambiente sano, de adecuado roce social, sin discriminación de condición alguna, situaciones de bienestar que le permiten actuar con honradez en la consecución de sus medios de subsistencia. Para que esto pueda lograrse deben combinarse las acciones gubernamentales con las propias particulares inherentes a cada individuo o grupo social.
 El término pobreza connota hambre, pero esto no es lo único en que realmente se debe pensar cuando en América Latina se habla de ella, la pobreza conlleva a considerar otros elementos. Sería un error referirnos a la pobreza simplemente como la carencia de uno o varios bienes considerados necesarios o convenientes para alcanzar el “mínimo de bienestar”. Hay que considerarla como algo más complejo, hay que verla como una condición en la que parte de una población, o grupos de quienes la conforman, se encuentran marginados o excluidos de los procesos que permiten generar riqueza o disfrutar de ella, no tan solo en el sentido monetario sino en un espectro mucho más amplio. De allí que es lógico pensar que las personas, según el país y las circunstancias que afecten a quienes conformen este estrato de la sociedad, tienen sus propios criterios acerca de cómo conceptuar la pobreza y sus elementos constitutivos.
 La pobreza involucra privaciones, discriminación y hasta podría decirse que abandono gubernamental, estas condiciones están determinadas por históricas relaciones jerárquicas, autoritarias o paternalista de estructuras clasistas carentes de democratización, las cuales se dieron, y continúan sucediéndose, como causa efecto de la dinámica establecida en la relación de un pueblo con su gobierno. Esto hace tangible la necesidad de combatir la pobreza desde la óptica de lucha por la plena vigencia de los derechos humanos y la conquista de una autentica ciudadanía, promesa mas que realidad, para una gran cantidad de latinoamericanos, por lo que muchos estudiosos de la pobreza la han precisado como “la falta o insuficiencia de derechos ciudadanos, con ausencia de plena ciudadanía”[7][7].
 Como resultado del análisis de muchos debates sobre “Ciudadanía, democracia y desarrollo”, podemos percibir que la pobreza se puede  entender como el producto de muchos factores causales e interactivos, producto de estructuras históricas, de la vida de los Estados, que han propiciado la exclusión de grandes sectores de la población de lo que podría llamarse los beneficios del desarrollo, no porque estos se rezaguen dentro de la dinámica del proceso de crecimiento económico existente dentro de una sociedad, sino porque en sí, estos grupos, han sido producto de las deficiencias del sistema.
 En los países de Latinoamérica, la pobreza y la pobreza extrema, sin importar los criterios que priven para buscar una definición de cada una en particular, no constituyen fenómenos coyunturales ni son condiciones que marcan un reducido grupo social. Por el contrario, los dos vocablos, determinan fenómenos ampliamente extendidos que se han arraigado y profundizado a lo largo de la historia de cada uno de los países latinoamericanos durante las últimas décadas. Ambos representan agrupaciones sociales que definen una calidad de vida, el uno y el otro son una consecuencia de las características que ha presentado el crecimiento económico y el neoliberalismo promovido por los gobiernos de turno y los organismos financieros internacionales.
 Sustentados en los aspectos analizados anteriormente podemos conceptuar la pobreza como un grave problema social que engloba e identifica una gran parte de la población, o grupos de quienes la conforman, los cuales son afectados por muchas causales y factores interactivos de naturaleza diferente para cada País del Continente pero que, de manera global, afectan la condición de bienestar del ser humano que vive dentro de una sociedad sin poder satisfacer sus necesidades básicas siendo excluidos, como producto de la ineficiencia existente en los sistemas gubernamentales, de los llamados beneficios del desarrollo.


La Marginalidad. Orígenes.

La palabra “Marginalidad”, mayormente utilizada en América Latina a partir de los años cincuenta ha logrado alcanzar una condición impactante por el contexto de su significado.
 Esta palabra, de acuerdo con estudios de profesionales y expertos en la materia, se nutre de dos vertientes teóricas relacionadas entre sí. Por un lado la “Teoría del Hombre Marginal”, o de “La Personalidad Marginal”, y por el otro la teoría de la “Situación Social Marginal”. 
                La primera de ellas, “La Teoría del Hombre Marginal o de la Personalidad Marginal”, fue introducida en la sociología norteamericana por Robert Park y Everett Stonequist, quienes analizaron al hombre marginal como un sujeto, al que su suerte, le ha llevado a vivir en dos sociedades, en dos culturas, no solo diferentes sino antagónicas. Se trata de individuos en situación de conflicto cultural, que participan de una sociedad, sintiendo al mismo tiempo atracción por otra a la cual considera dominante. Es una condición psicológica del hombre, que le permite sumirse en criterios de conducta y métodos de vida que considera acordes con su verdadera situación.   
 Al hablar de individuos con personalidad marginal, nos referimos al hombre que vive dentro de un ambiente social inferior al que le sirve de hábitat al común de la sociedad que le rodea, colectividad por la cual se siente atraído pero que a la vez rechaza por sentirse incapaz de poderla alcanzar motivado a su carencia de espíritu de superación y su falta de preparación para enfrentar los retos que involucra el alcanzar esas mejoras deseadas. 

Este “Complejo de Marginalidad” caracteriza un amplio sector de la sociedad latinoamericana, la cual ha perdido valores útiles para la eficiencia productiva y la organización social. Quienes  conforman este estrato de la sociedad se distinguen por estar sumidos en la resignación, la impotencia, el abandono personal y el fatalismo . En resumen son seres humanos que poseen una ausencia total de espíritu de superación aunque, en el fondo de sus corazones y pensamientos, se sientan atraídos por la idea de formar parte de un nivel de vida que realmente es mayormente confortable y agradable.
 Psicólogos, antropólogos y sociólogos definen esta ausencia de espíritu de motivación al logro como un complejo de inferioridad que hace al hombre evadir situaciones difíciles, que le hacen abandonar metas y objetivos importantes en su vida, para aceptar con conformidad lo poco que tiene sin procurar proyectarse hacia un futuro mejor.
 Las causas atribuidas a esta concepción simplista de la vida son la tradición histórica de dominio, propia de las culturas negras e indígenas avasalladas en la antigüedad por el señorío europeo, la carencia de intensidad para promover acciones tendientes a superar sus necesidades, la carencia de empuje, la pérdida de la dignidad, de  educación, de auto estima y del honor.
 Esta suma de valores perdidos lleva al hombre marginal a constituirse en un ser dependiente del Estado, que desea y acepta con facilidad el paternalismo, que ve al Estado todopoderoso como su única salvación, haciéndose proclive al populismo y la demagogia.
 La segunda vertiente, la que corresponde a “La Situación Social Marginal, deriva de condiciones que producen cambios en la vida del hombre. Esta teoría es explicable por la suma del contenido de diferentes concepciones:


·     La concepción ecológica:
Abarca la designación genérica de “marginales”, la cual se aplica a las aglomeraciones urbanas que se incrementan y toman asiento firme en localidades ubicadas al límite de lo que es considerado como núcleo urbano. Estas congregaciones de población son el producto de rápidos crecimientos demográficos y de la instalación de viviendas improvisadas sobre terrenos ocupados ilegalmente.

·     La concepción social:
Se refiere a las condiciones deplorables de vida y de trabajo que son detectadas en los barrios marginales citados con anterioridad.






























CAPITULO II
Situación Actual de la Pobreza en los Países de América Latina.


Pobreza y Población:

Desde los mismos inicios del siglo XVIII,  como se pudo conocer en el contenido que hizo referencia a la historia de la pobreza, los estudios realizados sobre este flagelo social se han relacionado con la explosión demográfica. Malthus, quien hizo este descubrimiento, fue el primero en dejar constancia de esta conexión.
 Malthus, en su primer ensayo sobre la población en el año 1798,  señaló[8][8] la relación entre la población, la tierra existente y la cantidad de cosechas que se podían lograr por cada hectárea de terreno ocupada. Concluyó que los alimentos son necesarios para la subsistencia del hombre, del mismo modo como la atracción de los sexos es inevitable, lo cual ha hecho a estos factores permanecer invariables a lo largo de toda la historia de la humanidad.
 Cinco años más tarde, en 1803, y luego de múltiples críticas por sus conclusiones anteriores, Malthus editó su segundo libro[9][9], en el cual reforzaba su tesis y afirmaba que para todo exceso existía el control y que por tal motivo el crecimiento de la población era sensible de ser frenado con acciones racionales, de lo contrario este fenómeno conduciría en el transcurrir del tiempo, hacia el vicio o la miseria.
 El estar a merced de fuerzas que no se pueden controlar conlleva irremediablemente a consecuencias catastróficas para el hombre en particular y para la sociedad en que vive. En este caso, el no poder controlar una población que crece desmesuradamente, sin los recursos adecuados y sin las condiciones de territorio y medios que satisfagan sus necesidades básicas, conlleva con seguridad a la unión de una población numerosa y a la conformación de una sociedad en la que la pobreza y la marginalidad serán factores inevitables de su propia destrucción.

Para muchos, las aseveraciones de Malthus son altamente realistas, mientras que para otros no son mas que vaguedad y testimonios falsos, pero vemos que fue Malthus el primero en establecer claramente que toda población, humana y/o animal, tiene el instinto de aumentar en progresión geométrica o en índice exponencial, si no existen los controles necesarios. Esto obedece a que las poblaciones tienden a incrementarse en términos de índices anuales y este crecimiento porcentual se duplica en períodos de tiempo directamente proporcionales y bien definidos, afectando la capacidad de obtener recursos para su propia subsistencia.
 La disminución de recursos, la carencia de alimentos, vestido, medios de educación, de protección de la salud y otras facilidades que favorezcan la vida del hombre, conducen inexorablemente a la pobreza y a la marginalidad.
  Evolución y Desarrollo. Escalada de la Pobreza.
 En América latina, durante la primera mitad de este siglo, la pobreza fue principalmente un problema social de naturaleza rural. En casi todos los países latinoamericanos la población incluida dentro de esta clasificación, víctimas de carencias de todo tipo, superaba en número muy superior a la urbana y se encontraba arraigada a viejas estructuras de tenencia de la tierra, de explotación económica y de opresión política. Se podía apreciar en este estrato de la sociedad un nivel de vida muy bajo, así como un elevado índice de mortalidad y desnutrición, lo cual era atribuido a la existencia y práctica de formas arcaicas de organización social y económica. Esto promovió la práctica de políticas de integración y modernización para buscar remediar la situación pero el problema en sí era mucho más complejo.

Estudios realizados sobre el particular por organizaciones como el Comité Internacional de Desarrollo Agrícola (CIDA) demostraron que durante los años sesenta la condición de pobreza estaba vinculaba a formas injustas de distribución de la tierra, no solo por la falta de capital, de créditos, de tecnología moderna, de mercados o carencia de espíritu empresarial, sino por la existencia de situaciones tales como el minifundio, el peonaje, el latifundismo, la existencia de población activa sin acceso a la tenencia de la tierra. A esto se podía sumar que la posesión de tierras se resumía en sistemas de dominación política existentes, de naturaleza no democrática, los cuales se materializaban al nivel regional o local y eran de carácter caciquil, autoritario, u oligárquico.
 A raíz de la Revolución cubana de 1959 fueron promovidas, por el gobierno de los Estados Unidos, algunas tímidas reformas agrarias con las que se pretendía cerrar el paso a la revolución marxista continental, virtual amenaza para la región, las cuales fueron resumidas y materializadas en políticas dentro de lo que se llamó la “Alianza para el Progreso”. En numerosos países se iniciaron movimientos campesinos que reclamaban la propiedad y tenencia de la tierra, la libertad de organización y el derecho a salarios justos. El agro latino estaba en efervescencia y las oligarquías latifundistas, propias de débiles clases medias y gobiernos populistas peligraban. Los  pobres  del  campo se constituyeron entonces en las nuevas clases peligrosas, a las que había que suprimir, liquidar o bien atender, en sus exigencias, para evitar males mayores.
 A partir de los años sesenta se produjo en América Latina toda una serie de cambios en el contexto político, los grupos dominantes se organizaron de forma nacional e internacional en busca de contener la marea popular conformada por los movimientos campesinos, por los grupos de izquierda y algunos que otros intelectuales que reclamaban, con argumentos de naturaleza económica, política y social, la urgente necesidad de reformas agrarias con bases bien estructuradas. Se instalaron una serie de regímenes militares, más o menos brutales, que generaron un período de extensa violación de los derechos humanos, de conflictos subversivos o de baja intensidad los que, lejos de beneficiar, hicieron más patética la situación de pobreza y desamparo en que se encontraban millones de campesinos latinoamericanos.

Otros cambios estructurales más profundos se hicieron presentes al mismo tiempo, parte de la economía agrícola se modernizo en Latinoamérica logrando una integración mucho mayor a los circuitos globales de agroindustrialización. Los pequeños agricultores comenzaron a resultar carentes de importancia para la lógica de obtención de capitales. Los peones, los parceleros, los pequeños poseedores de tierras y los jornaleros iniciaron su transformación en asalariados de las nuevas empresas multinacionales que comenzaban a llegar al continente.
 Los antiguos campesinos y sus hijos, en menos de una generación, comenzaron a declinar, convirtiéndose en parte del naciente proletariado industrial. La pobreza rural comenzaba a modificarse, no a desaparecer, pasaba de una clase productiva a otra con menores posibilidades, debido a que su siempre creciente y vigorosa mano de obra ya no se consideraba necesaria para las emergentes agroempresas innovadoras en tecnología que la suplantaban por las máquinas.
 Esto dio pié a lo que tenía por fuerza que ocurrir, comenzó la inmigración del hombre del campo hacia las ciudades, abandonando las tierras a ritmos cada vez más acelerados. Los años sesenta se constituyeron en una década marcada por el éxodo rural masivo y la concentración de estas poblaciones en las ciudades y centros metropolitanos, los cuales hoy día son enormes megalópolis. Durante las décadas de los setenta y ochenta las tasas de urbanización y metropolización de las principales ciudades latinoamericanas rebasaron en más de dos dígitos las tasa de crecimiento demográfico, los cuales comenzaron a ascender.
 En la región latinoamericana, a principios de los años ochenta, cuatro de cada diez habitantes se hallaban por debajo de la línea de la pobreza, esto quiere decir que este fenómeno social, afectaba aproximadamente un 38% de la población.
 Luego de la famosa “década perdida” de los ochenta, en la cual se desmoronaron todas las tasas de crecimiento económico y se produjo la caída del producto nacional en casi todos los países de la región, surgió la década de los noventa, cuyo año inicial se caracterizó por el comienzo de las políticas neoliberales, de las reformas en busca del achicamiento del Estado, la apertura de los mercados, el desvanecimiento del proteccionismo, la privatización de los bienes colectivos y los drásticos y arbitrarios recortes a las instituciones de protección, previsión y desarrollo social. El resultado de estas medidas fue una creciente desigualdad en las sociedades latinoamericanas, además del aumento desproporcionado de los índices de pobreza.

En Septiembre de 1990 se realizó en Quito Ecuador, “La Conferencia Regional sobre la Pobreza”, promovida por los Países latinoamericanos, en la cual se estimó cerca de un 62 % de la población en condición de pobreza. Esta cifra representaba alrededor de unos 270 millones de habitantes.
 Debido a este aumento de la pobreza, en Latinoamérica se propagó la necesidad de buscar fórmulas que permitieran mejorar, o al menos igualar, la calidad de vida dentro del ámbito de la región. Se continuaron las reformas estructurales del Estado y sus instituciones para lograr la eficiencia que contribuyera a la reducción progresiva de la brecha entre los pobres y los ricos.
 A principio de 1999, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNDU), hizo público su “Informe Anual sobre el Estado de la Pobreza” correspondiente a 1998, documento en el cual demostró que existía un alto grado de desigualdad en América Latina, a pesar del ligero crecimiento económico que se había logrado en la región durante los años 96 al 98, período durante el cual se estimó una disminución de la pobreza del 41 al 36 %, con lo que se recuperó el nivel existente en 1980, es decir un 38%.
 En el referido informe se resaltó que el número de pobres en Nicaragua, Argentina y Perú había aumentado considerablemente mientras que sólo algunos países, entre ellos Chile y Costa Rica, consiguieron una reducción sustancial de la pobreza. Según el PNUD la recuperación económica de buena parte de los países del Continente ha estado fuertemente ligada a la aplicación de planes liberales, pero al mismo tiempo considera que esto ha generado inestabilidad en las economías.
 Esto permite afirmar que la pobreza avanzó arrolladoramente sobre América Latina durante los años 80, afectando uno de cada dos habitantes de la región. La pobreza se agudizó en el Continente, incluso a principios del año 1990 constituyéndose en un problema que no experimentaba ningún retroceso. Gracias a las reformas que se iniciaron a partir de Septiembre del 90 se ha reducido progresivamente hasta lograr volver a los niveles que se tenían para 1980 pero el esfuerzo aún no ha sido suficiente y la calidad de vida se ha degradado, el sector de “pobres extremos,”[10][10]  o “pobres indigentes,” se ha instituido como una categoría que representa aproximadamente la mitad de todos los pobres.
 Este crecimiento incontrolable de la pobreza ha dado paso a conclusiones que se han formulado los observadores del problema, quienes en su mayoría han coincidido en que la pobreza en América Latina presenta un cuadro de extrema gravedad.
 De acuerdo con los números de la Comisión Latinoamericana y del Caribe sobre el desarrollo social (CLCDS), entre el año de 1980 y el de 1990 el total de pobres aumentó en 60.000.000, alcanzando a 196.000.000 el número de latinos con ingresos inferiores a 60 dólares mensuales, lo cual nos dice que más del 70% de la población total no podía cubrir con esos ingresos sus necesidades primarias. La pobreza extrema, calculada para todos aquellos con ingresos inferiores a 30 dólares mensuales también aumento en el mismo período y afectó a unos 74.000.000 de personas.
 De conformidad con cifras del Banco Mundial de Desarrollo, se estima que aproximadamente una de cada tres personas (1 de cada 3), viven en la actualidad sumidos en la pobreza, cifra que permite pensar aproximadamente en 160 millones de personas, cuyo promedio de ingresos no es mayor de dos (02) Dólares diarios. Estas cifras son el producto de estudios realizados por la referida institución y dados a la luz en el mes de Noviembre de 1998, de aquí su actualidad y realismo muy a pesar de que también se deja saber, en los correspondientes informes, acerca de las ligeras mejoras que se experimentaron durante los años 1996, 1997 y 1998, las cuales no impiden que el nivel de pobreza en América siga siendo un problema con carácter persistente en la región.

 Características Generales y Particulares de la Pobreza en América Latina:

En un artículo del investigador Peter Townsed,[11][11] se puede leer: “Quien es pobre se muere antes. Mis investigaciones prueban que la pobreza mata. No se trata de un comentario político o social, sino de un hecho científico”. Esta aseveración se puede corroborar y aplicar en la América Latina, donde más de 1.500.000 muertes se atribuyeron a la pobreza, en primer lugar a niños y mujeres, quienes por ser más débiles sucumben más fácilmente al hambre y la adversidad. Unos 2.000 perecen diariamente. Millones de mujeres, son hoy cabeza de hogar y según cifras del "Population Crisis Committee" de Washington se encuentran en “situación de pobreza, impotencia y hambre”, trabajan largas horas, durmiendo y comiendo menos. 
En casi toda América Latina se han perdido progresivamente las defensas gubernamentales contra la pobreza. Se han venido proliferando los problemas sociales: la penuria y la marginalidad. Como consecuencia de esto el incremento de los indigentes, el crimen, la violencia familiar y social, los niños de la calle, los ancianos abandonados y otros, que sin serlo deambulan por las calles en el peor abandono, han perdido la razón o simplemente han hecho de las calles y plazas de las ciudades su morada. En las barriadas o sectores habitacionales marginales, las condiciones de salubridad inadecuada son manifiestas, la carencia de servicios públicos adecuados, la aglomeración de viviendas, el éxodo de personas del campo a la ciudad, la proliferación de ranchos y otras tantas manifestaciones de pobreza crecen desmesuradamente sin que exista control gubernamental.
 La pobreza en América Latina puede catalogarse como objetiva y subjetiva. En el primero de los casos porque se materializa y se identifica con parámetros mensurables, los cuales se identifican con un nivel de vida bajo, producto de la incompatibilidad de los ingresos para cubrir las necesidades básicas para vivir. La segunda característica se concretiza por una condición mental, que crea la conciencia de ser pobres, marginados o excluidos, de tener menos de lo que tienen los otros, de lo que se debería tener, de lo que se cree se tiene derecho o de lo que se cree se debe tener.

Por último se puede caracterizar por ser absoluta y relativa. Es absoluta porque ella se puede medir en valores o en grados y por niveles tales como educación, alimentación, pesos físicos, espacio vital para un individuo o grupo familiar etc. Y es relativa por que es capaz de ser comparada, es decir de permitir cotejar las desigualdades económicas y sociales existentes en Países de Latinoamérica como producto de las tendencias económicas de las últimas décadas.


Principales Causas y Consecuencias de la Pobreza en Latinoamérica.

Muchos piensan que en las ciudades existen mejores condiciones de vida que en el campo. En las ciudades los índices de bienestar social y las posibilidades de ingreso per capita ciertamente suelen ser mejores pero también mucho más difíciles de obtener. Lo que sí es una realidad es que durante mucho tiempo las políticas de desarrollo han preferido apoyar al sector urbano por encima del sector rural, promoviendo mayor inversión productiva, de infraestructura y  del gasto social.
 Esta condición de apoyo constante del Estado hacia lo urbano, lejos de beneficiar, ha ido constituyéndose en un problema muy grave, siendo que las desigualdades sociales y económicas se han reproducido en las ciudades generándose diferencias que han dado lugar a la transferencia progresiva de la pobreza, del medio rural al medio urbano.
 Los barrios marginales se han analizado en el transcurso de los últimos años propiciando numerosas comparaciones sobre las condiciones de marginalidad social y estructural que estos han permitido desarrollar en las sociedades latinoamericanas. Como producto de ello el concepto de población marginal se asocia con el de pobreza, sobre todo en el medio urbano.
 Aunque se trata de categorías distintas, la marginalidad urbana, a diferencia de la rural no procede, ni del aislamiento ni del atraso que acusan determinadas regiones periféricas de los países latinoamericanos. Las poblaciones marginales urbanas presentan bajos índices educativos y de capacitación profesional, pero no es por ello que están marginadas. La marginalidad se debe a las características y proyecciones del crecimiento económico de los países latinoamericanos, que no han sido capaces de generar empleos urbano-industriales suficientes para absorber la creciente mano de obra desempleada y sub ocupada proveniente del campo.
 Esto compete al llamado fenómeno de la “terciarización” de las economías, el cual explica como a falta de empleos productivos una gran porción de la población buscó y continúa buscando conseguir medios de subsistencia en el pequeño comercio, los servicios de bajo rendimiento, la intermediación, los trabajos domésticos etc., a lo cual se le conoce como el sector terciario de las economías subdesarrolladas.
                El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo Humano resalta como principal causa de la pobreza la carencia de compromiso político y no la excusa relacionada con escasez de recursos financieros para justificar la situación de constante evolución de la pobreza.
         Crecimiento económico no implica desarrollo social. En muchos países de Latinoamérica, se ha mejorado económicamente pero no así la calidad y condiciones de vida de sus habitantes.
 La estructura social y económica de América Latina no ha sido capaz de modificar la inequitativa distribución del ingreso y la riqueza, ni durante la llamada etapa de “desarrollo hacia adentro”, donde predominaba la sustitución de las importaciones, ni en la actual época de capitalismo neoliberal y globalizador. Apenas se ha logrado un pequeño aumento porcentual en el ingreso de las clases más afectadas. En América Latina, los minúsculos estratos superiores, siempre han tenido superior ingreso y el correspondiente aumento de su riqueza.
 Esta concentración de ingreso en América Latina se ha considerado única en su género dadas las crecientes diferencias entre pobres y ricos, no tan solo desde el punto de vista cuantitativo sino del social y cultural, áreas donde se aprecian las diferencias más amplias en estilos de vida, los patrones de consumo y el ejercicio de ciudadanía.
 Es probable que estas tan marcadas desigualdades sociales más que los niveles absolutos o relativos de pobreza sean el origen de la también creciente violencia criminal. Las selectivas y pequeñas colectividades de ricos se concentran cada vez mas en bolsones de extrema riqueza, constituidos en colectividades protegidas por condiciones de seguridad tendientes a limitar o frenar la inseguridad en que su misma condición les hace vivir.
 Para muchos sigue con sentido de actualidad el discutir sobre la controversia de sí es peor la pobreza rural o la urbana, respuesta que dependerá del hecho que representen los valores y normas de quienes emitan la opinión
 Las estadísticas demuestran que existen indicadores socioeconómicos mucho más altos en el medio urbano, así como también se consiguen en este medio mayores posibilidades y oportunidades económicas, educativas y culturales, razón por la cual muchos campesinos han emigrado hacia las ciudades o centros urbanos. Pero como contraposición es una realidad que en el medio urbano impera el hacinamiento, la desorganización social, la contaminación, y otras manifestaciones de desintegración, creciendo día a día múltiples problemas sociales como las migraciones, la deserción escolar, la delincuencia, la violencia, el crimen, las drogas, el narcotráfico, y la prostitución por nombrar algunos, los cuales contribuyen a desmejorar la “calidad de vida” en los estratos más pobres, tanto en el medio urbano como en el rural y agravan la situación de pobreza en Latinoamérica.
 Por otra parte la deuda externa es otro factor agravante del incremento de la pobreza en América Latina, ya que aunque fuese cancelado su monto en totalidad aun quedaría una gran brecha o diferencia entre lo que corresponde al nivel de vida de los países desarrollados y los que no lo son, por lo que se requieren grandes esfuerzos para superar este grave problema de la pobreza y la grave situación que al respecto viven la mayoría de los Países del Continente Americano.


La Marginalidad Urbana, la Pobreza y los Sectores Informales de la Economía:

Las características de la marginalidad urbana la identifican con la pobreza y esta a su vez se relaciona con el sector informal de la economía, precisamente porque esta última no esta sujeta a regulaciones ni esta adecuadamente estructurada, además de ser una fuente de ingreso para quienes no tienen acceso a otras fuentes laborales. La cantidad de personas inmersas dentro de este sector es muy difícil de cuantificar. Se estima que entre un 40 y un 60 % de la fuerza laboral urbana se desempeña en este sector económico de baja productividad, de bajos ingresos, sin estabilidad laboral ni seguridad social. Allí se concentra la desocupación abierta y el subempleo, principales causas estructurales de la pobreza en la región latinoamericana.

La unidad doméstica es el eje sobre el cual gira la marginalidad urbana. Es el núcleo de la producción y del consumo, así como un elemento fundamental para las relaciones sociales y la sobrevivencia esencial en un mundo de alto riesgo.

La familia, en el ámbito urbano se ha tenido que fragmentar para producir, las responsabilidades se han delegado también en mujeres y niños quienes se han lanzado a la calle para procurar, de diversas formas, medios de subsistencia económicos, que muchas veces generan en problemas de diversas índoles, producto de la permanencia en las calles, el abandono, el desenvolvimiento social en medios carentes de educación y otros tantos. Pero es importante señalar que para que las mujeres se incorporen a las tareas productivas les es preciso liberar tiempo en el hogar. Sin embargo la ineficiencia de muchos servicios, entre los que podemos mencionar agua, electricidad, y aseo, les limitan en esa incorporación a la sociedad productiva.

La promiscuidad, la prostitución, las drogas, el alcohol, el robo y el crimen son males conexos de una sociedad sin ley en la que se desenvuelven las personas de bajos ingresos. Unas son impulsadas por la necesidad y otras por la desesperación de requerir y no poder satisfacer sus necesidades básicas, aunque la regla no hace la excepción y en algunos casos ya no es la situación la que obliga sino el vicio y el facilismo lo que determina ciertas conductas.

Como quiera que sea este sector terciario de las economías, este medio cotidiano de búsqueda de recursos, aprovechado por una gran mayoría de las clases desposeídas, no representa el camino más puro ni provechoso. Por el contrario, aunque muchos se desenvuelven y procuran sus medios de subsistencia en esta actividad con la mayor honestidad, otro número no menos minoritario lo aprovecha para lograr sus objetivos de manera irregular, amparándose en el vicio, el delito y el crimen. Es por ello que es bien sabido que los pobres muchas veces no logran mejorar su condición valiéndose de sus propios esfuerzos.


La Pobreza Indígena en América Latina:

La población indígena del continente se considera entre las de mayor índice de pobreza y menores posibilidades de desarrollo. Estas poblaciones suman alrededor de 40.000.000 de habitantes distribuidos en casi todos los países, con la excepción de Uruguay, de donde fueron erradicados como tales desde el siglo pasado.

La pobreza en estos pueblos es persistente y muy severa, posee condiciones de vida de diferencias abismales, en comparación con las poblaciones no indígenas.

Recientemente el Banco Mundial, en un estudio realizado, significó esta realidad con las siguientes cifras: Mientras que en Guatemala un 66 % de la población total se encuentra por debajo de la línea de la pobreza, el 87 % de los indígenas sufren de esa situación. En Perú, los indígenas acusan un índice de pobreza que refleja el doble del que sufre la población no indígena, en la que el  55 % de esa población indígena se haya en extrema pobreza.

Bolivia, que es uno de los países más pobres del continente y en el que la población indígena es mayoría se da una situación parecida, siendo que aproximadamente el 48 % de la población no indígena es considerada pobre, también lo es el 73% de la población indígena monolingüe y el 64% de la población indígena bilingüe.

En México, conforme se incrementa la densidad de la población indígena en el sector municipal, se incrementa la probabilidad de ser pobres, siendo que actualmente entre el 70 y el 84% de la población indígena menor de cinco años presenta elevados porcentajes de desnutrición.

Como una consecuencia de este estudio, el Banco Mundial señala como se correlacionan estrechamente la población indígena, la pobreza y otros aspectos como la mala educación y el descuido gubernamental, concluyendo que una mayor inversión del gasto del Estado en la educación,  como aspecto fundamental, contribuiría a disminuir los índices de pobreza, considerando que nuestros pueblos son multiétnicos y que no solo la aculturación contribuye a su educación y preparación para enfrentar retos de la sociedad. De tal manera que las políticas de desarrollo social deben respetar la identidad de los pueblos indígenas, reclamo por demás mayoritariamente exigido por estas comunidades.

En el quinto centenario de lo que se llamó “Encuentro de dos Mundos”, el movimiento indígena continental cobró fuerza exigiendo,  como reivindicación para sus pueblos, la responsabilidad de los gobiernos en el sentido de combatir la pobreza y la marginalidad, el reconocimiento de sus derechos de la libre determinación y de la autonomía, con exigencias de ciudadanía cultural, civil y política. En los Estados multiétnicos latinoamericanos la pobreza no solo es manifiesta en el medio rural y urbano, sino también en sus criterios de identidad étnica. Es por ello que las políticas que no consideren estos aspectos están destinadas a fracasar.



La Búsqueda de Soluciones y la Lucha Contra la Naturaleza:

El crecimiento sostenido y estable es un factor importante para contribuir a la reducción de la pobreza pero también es cierto que la mayoría de los Países latinos no cuentan con los adecuados mecanismos para rechazar los choques adversos que este tipo de modelo de desarrollo causa sobre la población pobre.

La mayoría de los Países del Continente, carecen de programas bien estructurados en lo que respecta a protección social. No cuentan con los sistemas que permitan rechazar los efectos negativos causados por las crisis económicas y los desastres naturales, las enfermedades o los impedimentos físicos que resulten de accidentes laborales o que simplemente afecten la capacidad productiva de cualquier persona. La vejez y otros tantos aspectos, que afectan individualidades y grupos familiares como un todo, lucen sin protección.

Los choques económicos, producidos por la creciente y volátil tasa de crecimiento de la población,  han sido un elemento desbastador para la gente de pocos recursos, los cuales se han ido sumergiendo en mayores niveles de pobreza.

De igual manera se puede afirmar que estos países Latinoamericanos adolecen de adecuados programas educativos que contribuyan a mejorar los niveles de capacitación. Estos aspectos, todos combinados han sido determinantes para el aumento del índice de la pobreza.

El informe anual de las Naciones Unidas para la reducción de la pobreza de 1998 menciona que la reducción de la pobreza en la región latinoamericana se logra cuando hay aumento de la productividad, pero el empleo para personas de bajo nivel educativo se mantiene muy bajo. Por esa razón afirma que la única vía de salida de la pobreza es la educación y capacitación.

Pese a ello la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) cuestiona la idea en cuanto a que la educación es una formula mágica para lograr la equidad social. Por ello considera que las políticas de empleo, demográficas y de asignación de recursos a los sectores más pobres son también fundamentales para combatir la pobreza. La CEPAL agrega que la región no superará la iniquidad en tanto no corrija las estructuras de enseñanza y de empleo.

Hoy en día las metrópolis latinoamericanas constituyen receptáculos humanos, con grandes áreas de hacinamiento desorganizados, en los que por su condición es muy difícil concebir y aplicar planes reguladores para poderles proporcionar de manera sistemática los mínimos servicios humanos para el beneficio de la población. Las grandes masas humanas agrupadas en cinturones marginales urbanos han crecido y lo continúan haciendo de manera irregular, sin concepción urbanística, devorando los pocos espacios verdes disponibles y constituyéndose en verdaderos focos de pobreza y marginalidad, esencia misma de la violencia y de la inestabilidad social. 

Recientemente el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), realizó su 22ª sesión anual del Consejo de Gobernadores, en la cual destacó como tema principal la atención que se está prestando a los países centroamericanos afectados por el huracán Mitch y los problemas de Brasil tras la crisis financiera, así como el informe sobre la cuarta reposición de recursos de esta institución, cuyo principal objetivo es combatir el hambre en el mundo.

El FIDA, que tiene su sede en Roma, fue establecido en 1977, en virtud de una resolución de la Conferencia Mundial de la Alimentación celebrada en 1974, como una agencia especializada de las Naciones Unidas con el mandato específico de proporcionar financiamiento y conseguir recursos para proyectos de desarrollo agrícola con el fin de combatir el hambre y la pobreza rural en las regiones más pobres del mundo.

Según los resultados de esta reunión el número de pobres se ha incrementado más que nunca antes en la historia. Un estimado de 1,3 millardos de seres humanos, más de un quinto de la población, es absolutamente pobre. Al-Sultan, Presidente de la organización, destacó igualmente la situación latinoamericana. “Miren la situación en América Central. En la secuela de devastación que dejó el huracán Mitch a países como Honduras, ha sido destruida toda una generación de progreso. La gente de las áreas donde se realizan proyectos del FIDA han visto desvanecer los frutos de sus esfuerzos. Igualmente, Latinoamérica ha sido afectada por la crisis financiera. Por ejemplo, Brasil, está enfrentando serios problemas”.




La Heterogeneidad Estructural de los Países. Un Elemento a Considerar para la Aplicación de Programas y Estrategias de Desarrollo en América Latina.

Al hablar de la concepción de programas de ajuste, en lo político, lo económico y social, para buscar la equidad, el progreso y desarrollo  en países de Latinoamérica es necesario pensar en la naturaleza propia de cada país y la heterogeneidad estructural de cada uno de ellos. De acuerdo a esto tenemos que considerar que la igualdad de los Estados es un principio político jurídico que tiene mayor posibilidad de reflejarse en los hechos, si la relación de fuerza de los países tuviera un mayor equilibrio. Es por ello que los procesos de integración se logran con mayor facilidad entre países con jerarquía análoga.

Latinoamérica presenta marcadas diferencias entre los países desarrollados y los que están en vías de hacerlo, siendo que existen brechas tecnológicas e industriales que hacen de la dependencia, el endeudamiento económico y la falta de competitividad industrial los principales determinantes de la falta de equidad.

El otro enfoque que se debe considerar es el que corresponde al análisis de la estructura interna de cada país. Estos se diferencian marcadamente en toda la región, sobre todo en lo que se refiere a capacidad de producción, ingresos, recursos y grado de desarrollo.

Los países catalogados como “Primitivos” poseen niveles de productividad e ingresos por habitante comparables a los que poseían en épocas coloniales. Los llamados “Intermedios” se corresponden a la productividad media del sistema, mientras que los mas modernos o  “mas desarrollados” poseen actividades industriales y de servicios pero no transmiten sus beneficios al resto de las economías. Estas razones restringen el “éxito y la homogeneización económica y social de los países en vías de desarrollo, colocándolos en desventaja con aquellos que lo han alcanzado por completo.

En Latinoamérica el problema de la pobreza no puede desvincularse del contexto económico general, por ello las políticas deben distinguir la situación diferente de cada país, debiendo ser orientadas hacia la búsqueda del bienestar y la equidad pero variando las aplicaciones según las situaciones particulares.


CAPITULO III.
La Pobreza como Factor de Violencia y de Inestabilidad Social en el Continente Americano.


La Pobreza, Una Condición Social que Genera Violencia e Inestabilidad Social en América Latina.

Con anterioridad hemos descrito y conceptuado a la pobreza como una condición social producto de múltiples causas que se conjugan para hacer que las personas o grupos, a los que por destino les corresponda vivir en ella, estén inmersas dentro de una realidad social. Esta realidad o naturaleza social afecta, no solo a quienes son considerados pobres sino a la sociedad como un todo. Esto por los  múltiples problemas e inestabilidad que genera.

Cuando hablamos de inestabilidad social hacemos referencia al crecimiento descontrolado de la población producto de las migraciones, la degradación ambiental, el incremento de los cinturones de miseria, la carencia de empleo y la inseguridad, esta última generada por el vicio, la droga, el crimen, y otras tantas situaciones delictivas derivadas de las grandes concentraciones urbanas que habitan agrupadas, en condiciones no deseables, en múltiples lugares de las grandes capitales. La pobreza es por ello un factor importante de desestabilización de la sociedad, tanto más grande y peligroso como mayor sea su concentración en las diferentes regiones geográficas, en el continente o en el mundo.


Es lógico pensar que en los actuales momentos, cuando la tecnología y la ciencia han alcanzado avances significativos, que ya no existen razones de peso para considerar la pobreza como un problema sin solución. Pero el problema no radica solo en la aplicación consciente y bien razonada del poder que nos proporciona la comunicación y las facilidades tecnológicas. Hace falta  estructurar planes que propicien medidas que beneficien a un numeroso colectivo solucionándoles sus problemas. Los pobres no se pueden abandonar a su suerte, hay que tenerlos presentes a la hora de construir políticas económicas y sociales, porque su impaciencia puede llevarlos a condiciones extremas, cuando se pierde la fe en la clase gobernante y no se sienten incluidos dentro del beneficio social de los programas de gobierno.

Una sociedad burlada, empobrecida hasta niveles de miseria, que siente en peligro su posibilidad de subsistencia, es capaz de levantar la voz y las manos en contra de un gobierno legalmente constituido.

Una sociedad pobre y descontenta es un cartucho de dinamita para el gobierno que no haya podido llenar sus aspiraciones y allí el peligro de que puedan cambiar sus preferencias por un determinado sistema si se lo proponen.

El peso de la deuda externa, La reducción de los ingresos, el empeoramiento de la calidad de vida han contribuido a desmejorar y reducir notablemente las inversiones destinadas al bienestar social, la  educación y la salud. Esto ha generado pérdida de credibilidad y confianza en la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, convirtiéndose en caldo de cultivo para el crecimiento de las acciones delictivas y de violencia, tanto en el medio urbano como en el rural.

La insensibilidad de los gobiernos y su incapacidad aparente para combatir la naciente y prospera ola de inseguridad creada por estas acciones, ha traído como consecuencia que otras figuras del delito, aun más perniciosas, como el narcotráfico haya generado una amenaza poderosa en todo el continente americano, dispersando sus raíces por todos lados, promoviendo otras acciones como el lavado de dólares, el tráfico de drogas por todos los medios imaginables y la formación y sostenimiento de grupos subversivos, los cuales obtienen gran parte de sus ingresos a través de esta modalidad del delito.

El dinero proveniente del narcotráfico representa la descomposición que viven las sociedades, no solo latinoamericanas sino del mundo, ya que ellos promueven el delito en las clases oprimidas a cambio de un breve enriquecimiento y de una peligrosa forma de obtención de ingresos, llegando incluso, en caso de que las personas involucradas no se presten a sus criminales fines a convertirse en un riesgo para la propia vida.

El narcotráfico perjudica la convivencia social y causa daños a las instituciones, a las cuales hace perder su solidez. El narcotráfico sustenta la corrupción y estimula el crimen organizado, el tráfico de armas, el robo, el consumo de drogas, la prostitución y tantos otros males de la sociedad. Es un elemento desestabilizador, que genera ingresos llamativos en su cadena de comercialización desde el cultivo hasta el momento de su distribución, incluyendo para las llamadas “Mulas” que transportan las drogas.
La condición de pocos ingresos, de los cuales “disfruta” una gran mayoría de la población latina sumida en la pobreza crítica permite impulsar la apología del delito ante la oferta de condiciones artificiales y efímeras que puedan en algún momento generar poder y riqueza, no importa si esto se logra a cambio de la salud, bienestar, educación y seguridad del resto de la población. El narcotráfico promueve el crecimiento de una economía subterránea incontrolable por las autoridades que se desgastan combatiéndolo. Es una fuente de tensión, de zozobra, de anarquía. Es fuente de inseguridad que arrastra consigo un importante sector de la población sumida en la pobreza, constituyéndose sin lugar a dudas en una amenaza para el continente Americano y el mundo en general.

Todo esto arrastra consigo la violencia en sus diversas expresiones. La violencia representa la conflictividad social, la lucha del bien contra el mal, la protesta de una sociedad herida, abandonada, descuidada por los gobiernos insensibles o incapaces de enfrentar los flagelos sociales mencionados, bien sea por incapacidad del sistema, por la mala estructuración de los programas de gobierno o por la imposibilidad de conciliar lo que se quiere con lo que realmente se puede hacer. De cualquier manera esa conflictividad social proviene tanto de aquellos excluidos de la productividad y del beneficio de la adecuada distribución de las riquezas como de aquellos que, aún estando incluidos, se niegan a perder, compartir, o disfrutar  menos de lo que tienen.

La violencia es un medio para obtener lo que se quiere cuando no se consigue por los medios pacíficos o es una forma de erradicar lo que se considera pernicioso o contrario a la ley. Es el derivado de los problemas sociales y económicos, es el producto de las inalcanzables metas políticas, que al no verse satisfechas producen en los diferentes estratos de la sociedad las diferentes formas de expresión de su insatisfacción. Ella conlleva indiscutiblemente al trastorno de la seguridad y de la paz social que tanto necesitan los países de Latinoamérica y del mundo para lograr sus objetivos de desarrollo, paz y bienestar social.







CAPITULO IV.
La pobreza, Una amenaza para el Continente. ¿ Cómo enfrentarla?


La Pobreza una Amenaza para el Continente.

         En América Latina, durante los últimos veinte años, se ha venido  incrementado el número de pobres en cantidades alarmantes. Existen  cifras que proyectan, para finales de siglo, unos 270 millones de pobres hacinados en las áreas urbanas y otra, un tanto menor pero no menos singular cantidad de personas, en igualdad de condiciones, aglomeradas en las áreas rurales.

         Estas cifras son el  producto de las conclusiones a las que llegó  un seminario sobre la pobreza realizado durante la última semana del mes de Septiembre de 1995 en la Universidad de Notre Dame. A este seminario asistieron diversos sectores de la sociedad latinoamericana, entre ellos el entonces Presidente de Chile Patricio Alwyn, representante del único País que había logrado reducir, de manera importante, los niveles de pobreza, disminuyéndola para el momento de 40 al 28 %.

         El tiempo ha transcurrido, el problema de la pobreza se ha agravado y el nuevo modelo de desarrollo, basado en la apertura de mercados, la integración económica, la búsqueda de competitividad y la racionalización del papel del Estado ha constituido más que una opción una necesidad para la mayoría de los países en vías de desarrollo. Sin embargo este modelo económico ha afectado las sociedades y la desigualdad en la distribución de los ingresos ha continuado, los ricos se hacen más ricos y los pobres han seguido en progresivo aumento constituyéndose en un problema política, moral y socialmente insostenible. América Latina tiene la peor distribución de ingresos del mundo.

         La pobreza en América Latina es un factor desestabilizador de la democracia porque, como fenómeno social, afecta un elevado número de personas y grupos que integran nuestra sociedad, es fuente de conflictos, de descontento y de violencia. Es por ello que las organizaciones internacionales afirman que las peores y más frecuentes violaciones de los derechos humanos se suscitan entre los pobres y los marginados. Desde los abusos administrativos de diversas autoridades hasta las represiones mas violentas por parte de las fuerzas del orden pasando por el manejo sesgado y corrupto del sistema de administración de justicia.

Los pobres involucran una gran cantidad de personas que carecen de verdadera representación y de poder político para ejercer influencia a su favor. En casi toda América Latina hay gran pesimismo en torno al futuro porque no vislumbran soluciones que conlleven a mejorar la situación de esas grandes mayorías. La opinión pública señala a los líderes como principales culpables de lo que ocurre, ya que la conjunción de la corrupción, la mala aplicación de las políticas económicas y sociales, así como la negligencia gubernamental, han contribuido a la pérdida de la confianza y del optimismo.

La gente se abre a la posibilidad de buscar y encontrar nuevos líderes e ideologías capaces de desarrollar ideas, cambios que promuevan la mayor participación y productividad.


Propuestas para Enfrentar la Pobreza:

Algunos analistas coinciden en que mejorar el desarrollo humano y combatir la pobreza requiere de políticas económicas que involucren sensibilidad social. Una política social agresiva que ataque con firmeza los problemas de la población en sus áreas de necesidades primarias, así como una estrecha relación entre ambas políticas que permita conjugar esfuerzos y permitan reformar la mejor distribución de los ingresos. No basta fomentar el crecimiento económico como lo promueve el neoliberalismo, se requieren medidas de redistribución de la riqueza que puedan ayudar a reducir las desigualdades sociales y económicas que forman parte del panorama de la pobreza en América Latina. Lo cual es un problema fundamentalmente político.

El Informe de la ONU sugiere dar optatividad y no cohersividad a los programas de ajuste, a la reasignacion de recursos cuando sea necesario, se debe proteger el gasto social básico e incluso se puede llegar a proponer que los donantes externos de recursos económicos exijan a los receptores no reducir los gastos y subsidios sociales para los grupos de menores ingresos. Se debe presionar para que los programas de desarrollo humano sean los últimos y no los primeros en reducirse durante un periodo de ajuste, después de haber explorado y agotado todas las demás alternativas.
Para enfrentar la pobreza de manera efectiva en América Latina no basta con medidas paliativas de la enfermedad que tan solo permitan aliviar los síntomas, no basta con enfocar solo las poblaciones definidas como pobres, se requiere reestructurar las estrategias de desarrollo, revalorizar el papel del Estado como representante de la voluntad popular en el marco de los regímenes democráticos auténticos, el cual debe promover cambios substanciales de políticas, enfoques y actitudes que permitan el engranaje activo y participativo de las poblaciones interesadas. Es importante que el Estado prevea mecanismos de seguridad que disminuyan el efecto de los programas que se puedan ejecutar en un momento dado.

A estos efectos el Banco Mundial de Desarrollo promueve simposios y conferencias tendientes a buscar soluciones y a partir de  Febrero de este año inició, y tiene previstos para realizar, una serie de eventos para enfatizar la necesidad de obtener mecanismos de protección social para los pobres en América Latina y el Caribe, avanzar en el conocimiento y la experiencia de la región respecto al diseño y la evaluación de redes de protección social para los pobres y crear un foro para el debate y la discusión entre investigadores, diseñadores de políticas, representantes de organizaciones de la sociedad civil y miembros de la  comunidad internacional de desarrollo para comprometer sus esfuerzos en dar protección social a los pobres. 

En muchos países la resistencia al cambio es tal que incluso hay sectores de la sociedad que ni siquiera admiten la existencia del problema. Las políticas económicas deben ser renovadas y las sociales deben controlarse para lograr la interrelación adecuada que permita la mejora sustancial de la distribución del ingreso.

Como se mencionó se debe promover la mayor participación de la comunidad y de la sociedad para enfrentar la pobreza, organizando y promoviendo programas sociales bien orientados, incorporando al esfuerzo a las ONGs, y formando sistemáticamente gerentes sociales. Se debe generar conciencia entre los ricos sobre la necesidad de erradicar a la pobreza. Es necesario que aquellos más pudientes entiendan que el desarrollo y la prosperidad de un País solo se hace posible cuando la riqueza es accesible a todos los niveles de la sociedad. 

Otro aspecto importante, que se debe enfrentar, lo constituye la excesiva concentración de población en las ciudades. Para buscar una solución a esa acelerada transformación demográfica urbana, cuya principal fuente fue, y sigue siendo el área rural, el Banco Interamericano de Desarrollo ha propuesto y tiene en planes desarrollar un proyecto denominado “La ciudad del siglo XXI”. Este diseño refleja, como idea central, la intención de enfrentar las necesidades de mejoras en lo que respecta a los servicios de infraestructura y la reforma del sector de la vivienda. A través de este plan ambicioso se visualizaron soluciones importantes en lo que concierne a la administración de las ciudades para enfrentar la violencia urbana, la promoción del desarrollo económico local y la renovación urbana.

El proyecto contempla seis grandes aspectos como son: Las tendencias globales que afectan el desarrollo de la región, la ciudad como motor del desarrollo urbano en la región, los desafíos de gobernabilidad que presentan las ciudades, la necesidad de reconstruir el tejido social urbano que enfrenta la agenda social de los gobiernos urbanos, los problemas de financiamiento de la ciudad y la problemática del medio ambiente  urbano.

En toda sociedad debe buscarse la garantía de mejores oportunidades y condiciones de vida para sus integrantes, es tarea mancomunada que involucra a todos los sectores para garantizar posibilidades de trabajo, mayor productividad y satisfacción de las necesidades fundamentales.

Es precisa entonces una intervención decidida y calibrada del Estado (de un Estado fuerte aunque sea pequeño), un Estado que procure un nuevo estilo de crecimiento y desarrollo orientado hacia el fortalecimiento del mercado interno, la creación de empleos, el mejoramiento de las condiciones de vida de las mayorías y hacer más eficiente el gasto público. No hay mejor política social que una buena política económica, lo cual requiere de voluntad política, la cual solo se hará efectiva con la participación ciudadana real y en el marco de una real democracia. De nada sirve duplicar los presupuestos para gastos sociales de educación, salud, vivienda o cualquier otro aspecto que involucre el bienestar de los nacionales de un País si estos recursos terminan despilfarrándose o dándosele usos o destinos diferentes. 

La Educación es un elemento de gran importancia para disminuir y tratar de erradicar la pobreza. Con una buena educación y preparación de la sociedad para enfrentar retos se disminuye la desigualdad y al mismo tiempo se puede acelerar el crecimiento económico. En América Latina la educación se ha descuidado y de hecho es una de las peores del mundo. Esta afirmación tiene sus bases en la comparación que puede hacerse entre el tiempo destinado a educar y calificar al trabajador en          Latinoamérica y el tiempo que, a iguales fines, se le dedica en otras partes del mundo. En los países latinoamericanos se dedica un promedio de 5 años a la formación de un trabajador, en tanto que 9 o más son destinados a su capacitación en el sudeste asiático y países industrializados. Lógicamente la diferencia se hace mayor cuando se habla de medir también la calidad de la educación que se imparte.
    
En otra esfera mucho más amplia se deberá promover la solidaridad de los países ricos para con los más pobres. Si esto no se hace a corto plazo, las perspectivas para América Latina al despuntar el siglo XXI son sumamente desalentadoras.




























CAPITULO V.
Conclusiones.


Las Reformas Políticas y Económicas, Producto del Proceso de “Integración Regional”, No Constituyen la Única Causa para el Aumento Desproporcionado de la Pobreza.

Un aspecto importante, a señalar como conclusión, en el presente trabajo, es que se puede percibir una inclinación a pensar y creer que las reformas políticas, económicas y sociales, adoptadas en los países de América Latina como parte del proceso de integración, constituyen causa determinante para el incremento desproporcionado de los niveles de pobreza.

Las reformas y ajustes estructurales adoptados por los Estados, realmente restringen y retardan el logro de los objetivos planteados para alcanzar la equidad y la mejor distribución de la riqueza pero no se pueden considerar como la única razón del empobrecimiento que hoy nos afecta, porque está demostrado, en el proceso de evolución histórico de la humanidad, que la pobreza ha existido siempre,  siendo su evolución el producto de la conjugación e interacción de muchas circunstancias producto de la ineficacia en el manejo y distribución de los recursos así como de la falta de control en los procesos de desarrollo.


La Deuda Externa, Otra Razón Importante para el Crecimiento de la Pobreza.

   Está claro que la Deuda Externa durante la década de los 80, específicamente en el período comprendido entre 1982 y 1990, fue factor causante de la crisis. Los países de América Latina, inmersos en ella, transfirieron a sus acreedores recursos por mas de 220 millones de dólares lo cual, aparejado a las consecuencias que dejaron los procesos de ajuste tuvieron, y aun mantienen, profundas secuelas políticas, sociales y económicas.

Las políticas implementadas para lograr los cambios circunstanciales en las economías de los Estados y las mejoras en la calidad de vida tienen en la Deuda Externa un obstáculo importante ya que, lejos de disminuirse por los aportes realizados a los Estados Centros, se ha incrementado llegando a ser superior a 500 mil millones de dólares para 1994.

En la actualidad la deuda global de América Latina y el Caribe asciende a más de 650 millones de dólares, representando más del 44% del PNB de esta región y más del 30% del valor de las exportaciones totales, según lo indican los últimos datos de la CEPAL.


Las Políticas Económicas y los Shocks Externos Causan Impacto Significativo Sobre la Pobreza, Especialmente al Influir Sobre la Desigualdad del Ingreso.

A lo largo de las dos décadas pasadas, para quince países de América Latina y El Caribe los cambios en la política macroeconómica y los shocks externos constituyeron un impacto significativo sobre la pobreza y, más generalmente, sobre la desigualdad del ingreso. Esta conclusión, casi colectiva, es una respuesta inequívoca porque la reducción de la pobreza parece estar asociada generalmente con incrementos en el PIB y el ingreso per cápita, con reducciones en el desempleo y en la inflación, con incrementos en el salario mínimo, con reducciones en la desigualdad global y con la presencia de incrementos, o por lo menos estabilidad, en las partidas de gastos sociales, Los cambios en la pobreza también se vinculan con la migración rural-urbana e intersectorial y con desarrollos específicos  como la agricultura y los servicios, algunos de los cuales son afectados por los cambios en el ambiente macroeconómico general.


Se Ha Reducido el Indice de la Pobreza.

                Basados en lo visto, en parte del contenido de este trabajo, podemos expresar que uno de los hechos más significativos ocurridos en los últimos años, hablamos del último cuarto de este siglo, se refiere a la reducción del índice de pobreza experimentado en países latinoamericanos como Argentina, Chile y otros más, muy a pesar de la desigual distribución de la riqueza en la región y de la conocida  realidad del bajo nivel de ingreso que determina la llamada línea de pobreza.



                Esta  observación parece una contraposición a la realidad que observamos en el rostro diario de la vida cotidiana en nuestras grandes ciudades, pero las cifras oficiales manejadas por los organismos internacionales responsables del estudio, control y erradicación de la pobreza reflejan, con gran optimismo, la existente posibilidad de que los países latinoamericanos, afectados por este problema social, vean reaccionar sus indicativos económicos  de manera favorable ante el floreciente crecimiento, que en este campo del Poder, ha sido propiciado por el mercado participativo y la economía de integración latinoamericana.

                Si bien es cierto que la pobreza no se ha recuperado de las consecuencias económicas de los años ochenta (80) y no se ha erradicado en su totalidad, esto es un paso inicial muy importante porque, estando  conscientes de que existen muchos países donde los pobres se incrementan día a día y aun cuando tengamos evidencia de que la distribución de la riqueza no esté mejorando en los niveles que se esperan, sabemos que hay unos cuantos países que parecen haber emprendido el camino del crecimiento sostenido, consistente y rápido, lo cual puede redundar en resultados favorables en la lucha contra la pobreza.

                Aún cuando la fracción de beneficio obtenido por ese crecimiento que va a los pobres sea considerablemente pequeña, la reducción de la pobreza de todas maneras indica que el crecimiento, aunque sea al ritmo relativamente modesto de los años 1990, ha beneficiado en algo a los pobres.

Con Educación es Posible Vencer la Pobreza:

            La revolución en la educación debe constituirse en una prioridad para los gobiernos latinoamericanos que aun no la hayan emprendido. Partiendo del principio de que ella constituye un punto clave para vencer la pobreza, la educación, debe ser una prioridad fundamental. A través de la formación básica de la gente, desde el preescolar hasta el postgrado, es posible lograr una sociedad con bienestar, capaz de producir y competir en igualdad de condiciones.

El mayor esfuerzo de distribución del producto interno bruto debe destinarse a la educación y dirigir de esta una mayor parte hacia los más pobres para tratar de emparejar por abajo. Por otra parte la educación debe hacerse de carácter obligatorio desde el preescolar hasta la secundaria como mínimo. Hoy en día es inconcebible que queden tantas personas fuera del sistema educativo, tantos niños desatendidos en el área del aprendizaje, que ni trabajan ni estudian, y que por tanto serán las semillas irrecuperables que mas adelante se convertirán en desadaptados sociales que colmaran las cárceles en el próximo milenio, constituyéndose en otro gran problema para la sociedad.
           
            Es importante promover incentivos para motivar a la participación educativa. El Estado debe, más que financiar, aportar recursos a la demanda por medio de becas u otros estímulos a los estudiantes para que ellos, junto a su núcleo familiar, sean quienes participen en la selección del colegio de su preferencia. Con esta nueva distribución de los recursos, los colegios buscarían procesos de perfeccionamiento constante para obtener mejores profesores, mejores instalaciones y así atraer mayor cantidad de alumnos y con ellos los recursos.

            La educación debe ser concebida para la vida y para el trabajo. Garantizar un medio de ocupación para todo aquel que cumpla con su proceso formativo. Para ello es necesario determinar cuales son las necesidades del País para adaptar a ello la enseñanza en las escuelas, técnicas y universidades.

            Unir estas ideas a una adecuada estructuración del período de instrucción escolar, considerando las condiciones multiétnicas de la población y la creación de comedores escolares, pueden contribuir de manera importante a atender a la población que tiene menores recursos.


La Estructura del Estado y su Nivel de Intervencionismo debe Reformarse y Ajustarse a las Necesidades del País Donde Funcione.

                Tal vez algún día será posible que no tengamos gobiernos, tal vez en algún momento de la historia la madurez adquirida nos permita vivir en orden, con el máximo respeto a lo ajeno, donde cada ser humano se comporte como quisiera que se comportaran con él. En ese momento el Estado hará la vida llevadera, ejerciendo un rol meramente coordinador, con orden en lo logístico y en lo administrativo.

                Pero ¿cual debe ser la función del Estado en un mundo tan cambiante como el de hoy, donde las naciones han alcanzado notorias diferencias en su grado de evolución y desarrollo, siendo afectadas por problemas políticos, sociales, económicos y militares muy diferentes?.

Lógicamente no podrá ser igual para todos. Nuestra realidad latinoamericana y lo estudiado a lo largo de este año nos permite afirmar que en los países mas desarrollados, donde la administración marcha con la fluidez que da la experiencia de muchos años en el manejo de la cosa pública, la sociedad ha madurado desenvolviéndose sin demasiados problemas y el egoísmo es apenas el que se requiere para promover el progreso y mejorar los niveles de vida de cada persona, solo hace falta una mínima presencia del Estado, la cual es suficiente para garantizar la paz, la distribución equitativa de los recursos y el equilibrio económico que permita avanzar sin tropiezos haciendo aquello para lo cual existe el Estado: asegurar el bienestar de los ciudadanos.

Pero para aquellos Países menos desarrollados, donde la inmadurez política prevalece, donde la mala digestión de ideologías, modelos improvisados y la pésima aplicación de recetas prefabricadas han dado por resultado el derroche de riquezas, hace falta algo más contundente, una estructura que haga posible identificar y comprender la esencia de las buenas relaciones que deben imperar en los intercambios comerciales, laborales o sociales, que erradique el egoísmo excesivo de quienes manejan la economía o el poder y solo miran su propio beneficio o su pequeño párrafo en la historia, Un Estado que enfrente con valentía las posiciones inclaudicables de partidos que ofrecen oposición sin mas representación que aquella que les otorga su intolerancia, Un Estado que reduzca, que frene  las demandas exageradas de organizaciones clasistas para las cuales el país es tan solo su fuente de rentabilidad. En estos países se necesita un Estado fuerte que sea capaz de controlar estrictamente a todos los sectores evitando que alguien evada sus obligaciones tributarias, laborales, sociales.

                Pero la estructura y funcionalidad del Estado debe complementarse con un gobierno que, estando a su frente, gobierne con dignidad, que converse, que promueva consensos y forme las alianzas que considere cuando sean necesarias, sin entregarse maniatado a la boca del lobo olvidando cual es su principal objetivo. Un gobierno que sea capaz de colocar al Estado por encima de individuos, personalismos, ambiciones y que tenga el suficiente valor para desligarse de vínculos o alianzas egoístas o traicioneras. Informándole al pueblo que lo eligió las razones para las alianzas y deslindes.


La Pobreza Representa una Amenaza para el Continente. Por ello la Consolidación de la Democracia en América Latina está en Peligro sino se Disminuye o Erradica este Flagelo.

Esta conclusión es la deducción final de esta monografía, la cual me permito fundamentar en todo lo antes referido. La proximidad del final del siglo y la actual situación de pobreza existente en los países latinoamericanos refleja una dolorosa y no menos peligrosa realidad que afecta un alto porcentaje de la población, que poco disfruta de los beneficios a que bien podría acceder si hubiese una mejor y mas equitativa distribución de la riqueza.

El porcentaje de pobreza en Latinoamérica alcanza hoy niveles que se aproximan al 45% del total de población en toda la región, pero que llega, en algunos países, a superar el 80% en forma particular.

A pesar de los logros alcanzados por algunos de los Países Latinoamericanos en materia de reducción de la pobreza, lo cual es tan solo un granito de arena en la inmensa montaña que representa nuestro continente, el crecimiento desproporcionado del número de pobres en América Latina representa una Amenaza latente para la seguridad integral de la región ya que la democracia y su estabilidad descansan sobre una gran bomba de tiempo cuya carga explosiva reside en la masa humana que está actualmente desatendida y que se proyecta hacia el futuro con un porvenir por demás desalentador si no se le da una mayor importancia y efectividad a las políticas económicas y sociales, en el contexto del proceso de desarrollo que se ha iniciado y se viene realizando en la gran mayoría de los Países del continente.






BIBLIOGRAFIA. 


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Inestabilidad Social en Los Países del Continente.
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Engelman, Robert.                              Why Population Matters.
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Garcia, Aurelio.                                                   La pobreza, Factor de Violencia e
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Kliksberg, Bernardo.                                        Pobreza. Un tema Impostergable.
                                                                            Nuevas Respuestas a Nivel Mundial 1993
                                                                            Fondo de cultura económica, S.A. DE C.V.
                                                                            México, D.F.


Lugo, Henry.                                                     La Pobreza, Factor de Violencia e Inestabilidad Social en Latinoamérica.
CID, Curso XXXV, Mayo de 1996.














3 comentarios:

  1. ésto es lo que buscaba, gracias

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  2. soy Rosa gracias por subir esta informacion seguro me servira para realizar mi trabajo

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  3. ¿cómo se llama el autor del ensayo?

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