martes, 3 de abril de 2012

ECONOMIA MUNDIAL DESPUES DE LA GUERRA FRIA


ECONOMIA MUNDIAL DESPUES DE LA GUERRA FRIA

Debemos retomar el análisis del fin de la Guerra Fría, en términos de unipolarismo y multipolarismo para poder caracterizar al sistema internacional y ubicar a la Argentina de los noventa dentro de este período.-
 Se puede caracterizar la situación del sistema internacional de la década de los noventa como “unipolar y multipolar”. Estamos en un mundo unipolar en términos de un poder hegemónico con supremacía militar-estratégica global, los Estados Unidos. Estamos en un mundo multipolar en materia económica, debido a que Estados Unidos comparte su primacía con la Unión Europea y la región de Asia Pacífico liderada por Japón, conformando así lo que ha dado en llamarse la Tríada económica.-
 El fin de la Guerra Fría y el abandono del paradigma Este-Oeste nos indicaban dos perspectivas. Una primera cuestión de orden sistémico estructural y una segunda de índole política. Con respecto a la primera, se debe señalar que el sistema bipolar diseñado y legitimado en la Conferencia de Yalta ha desaparecido[1]. Respecto a la segunda que el uso o recurso de amenaza de utilización de la fuerza como instrumento político seguía vigente. El fin de la Guerra Fría no indicaba el fin de la Guerra.-
 En el ámbito de la economía mundial, las transformaciones estructurales operadas en los países industrializados hacia la especialización y la concentración de actividades productivas con alto componente científico y tecnológico ha acelerado la construcción de tres grandes bloques regionales, polos comerciales o megamercados que giran alrededor de un centro dinámico. América del Norte alrededor de los Estados Unidos. La Unión Europea alrededor de Alemania y la región del Sudeste Asiático o Cuenca del Pacífico con centro en Japón.-
 El fin de la Guerra Fría, por tanto, es un hecho que no se puede desvincular del proceso de transformación estructural de las economías centrales.  La globalización de la economía-mundo, en términos de Wallerstein, bajo el orden interdependiente implica el fortalecimiento de las estrategias centrales para su consolidación y el fortalecimiento de un diálogo centro-centro. A lo que debe sumarse la aplicación sistemática de políticas de cooptación del centro hacia la periferia, encargadas de crear la homogeneidad ideológica necesaria sobre la que actúa el neoliberalismo.-

En aquella época, como ha sido mencionado,  lo económico se había convertido en un factor clave de la lucha por el poder y se pensaba que se estaba dando un desplazamiento de lo militar por lo económico como determinante en la estructura de poder internacional, esto se observa en la fragmentación de la agenda político-militar-estratégica y la agenda económico-comercial.-
 La alianza triunfante de la Guerra Fría, la OTAN bajo la dirección de los Estados Unidos y en su articulación con los centros dinámicos de poder del capitalismo global, la Unión Europea y Japón, ha logrado establecer una nueva agenda internacional denominada “la agenda de los valores hegemónicos universalmente aceptados”[2].-
   Estos valores internacionalmente reconocidos han contribuido al fortalecimiento de las ideas de globalización e interdependencia. Este proceso se estaría dando porque los pilares del orden westfaliano que sustentaban al sistema internacional se han venido deteriorando provocando con ello el debilitamiento del valor de la soberanía[3].
 Bernal-Meza sostiene que: “Algunos de esos valores hegemónicos coinciden con ciertos pilares westfaliano en declinación, como, por ejemplo, determinadas externalidades, que están reduciendo los tradicionales bajos niveles de exposición externa física de los Estados (...) estaría cambiando porque ahora problemas externos que lo afectan, como los medioambientales y las pandemias, el proceso de globalización financiera  y el constante crecimiento del comercio mundial, problemas todos que estarían aumentando los niveles de interdependencia económica, lo que, a su vez, estaría llevando a que los Estados estén perdiendo autonomía en el manejo de sus políticas económicas y monetarias”[4].-
 Como se sostuvo: “En las condiciones actuales, pareciera ser que poco sirve a la nación sus vinculaciones con el Estado. Para algunos autores es una cuestión de proporcionalidad. El Estado es un instrumento para dar respuesta a las necesidades de una nación. Pero la cuestión es que la nación, y el Estado, su instrumento, se hacen demasiado pequeños para dar respuesta a algunos problemas, y demasiado grandes para arreglar los pequeños problemas locales. Esta cuestión Nación-Estado, entraría dentro de lo que Anthony Giddens a denominado “instituciones conchillas”, instituciones que se han vuelto inadecuadas para las tareas que están llamadas a cumplir. Externamente se las percibe como iguales pero internamente se encuentran en un proceso de cambio. A este tipo de instituciones Ultrich Beck las llama “instituciones zombies”[5].-

Donde también se advierte la presencia de estos valores hegemónicos, es en el complejo eidético-cultural. La aceptación de las normas democráticas, hecho aún retórico muchas veces, estaría fortaleciendo en términos ideológicos el discurso kantiano del Internacionalismo Liberal según el cual las democracias no van a la guerra.-
 A la par de la democracia, están representados en esta serie de valores hegemónicos universalmente aceptados, los derechos humanos, el medio ambiente, la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Pero hay que tomar en cuenta dos cuestiones. La primera es que el problema del desarrollo desaparece de los temas de la Agenda Mundial, por tanto no se ve al desarrollo como un factor de estabilidad de este sistema internacional interdependiente[6]. La segunda cuestión es que la formulación de los nuevas temas de la Agenda implican nuevas estrategias de intervención. Nuevas estrategias de intervención que están representadas bajo el brazo armado de la OTAN[7].-
 La Interdependencia Compleja se presentaba así como un sustituto funcional para el mantenimiento del orden internacional de posguerra fría y su continuidad bajo una supremacía de Estados Unidos, mediante el sostenimiento de los regímenes internacionales creados bajo la hegemonía imperial[8].-
 El concepto de Interdependencia Compleja se identifica con el multipolarismo, con una agenda sin jerarquías, cuestión que no implica que están incluidos todos los temas como hemos visto, con los canales múltiples de relación[9] y con la devaluación creciente de la fuerza militar, cuestión muy discutida en un sistema internacional que como diría Boulding es un sistema de amenazas, un sistema de violencia organizada para poder conservar la actual estructura social internacional.-
 Si bien se impulsa la democracia y el libre mercado, para Stanley Hoffman[10] el Internacionalismo Liberal se preocupa por impulsar más el libre mercado que la democracia.-
 Este punto contribuiría a desmentir la tesis del fin de la historia de Fukuyama. Quién intentaba retomar el análisis de la historia en la tradición de Hegel y Marx, y preguntarse sobre la naturaleza del mundo de posguerra fría. En The end of the History, proclamaba el fin de la Historia como “punto final de la evolución ideológica de la humanidad” concretada en la democracia liberal.-

El “Fin de la Historia” para el autor no significaba que no fueran a seguir sucediendo acontecimientos trascendentes, ni que el mundo hubiera alcanzado un estado de “paz perpetua” kantiana, ni que se hubieran terminado los conflictos entre grupos. Lo que decía Fukuyama era que  el colapso del denominado socialismo real, reflejaba que la historia, en el sentido de progreso histórico hacia formas superiores de organización social, las habría encontrado en la democracia y en el capitalismo.-
 Para Fukuyama el progreso histórico hacia formas superiores de organización social se encontraría en la democracia y el capitalismo. “La época que va de la Revolución Francesa hasta el fin de la Guerra Fría vio la aparición de diferentes doctrinas que esperaban superar los límites de la naturaleza humana a través de la creación de un nuevo tipo de ser humano. La caída de esos experimentos a fines del siglo xx demostró los límites de la ingeniería social y avaló, en mi opinión, un orden liberal con base en el mercado, fundado en la naturaleza humana. A eso me referí al hablar del “fin de la historia” en el sentido hegeliano-marxista de la evolución progresiva de las instituciones humanas políticas y económicos[11].-
 En contrapartida y en respuesta al debate suscitado a partir de esta idea del fin de la historia, Huntington,  propondrá su tesis del choque de civilizaciones. En   “The Clash of the Civilization and the Remaking of World Order” sostiene como planteamiento central que: “la cultura y las identidades culturales, que en su nivel más amplio son identidades civilizacionales, son las que están dando forma a los patrones de cohesión, desintegración y conflicto en el mundo de post-guerra fría”[12].-
 En este contexto, estaríamos en un mundo no solo multipolar sino multicivilizacional, en el cual la modernización es distinta de la occidentalización y en el que no se estaría produciendo ni una civilización universal ni una occidentalización de otras civilizaciones. Todo lo contrario, la nueva hipótesis de conflicto pasa por las civilizaciones opuestas a occidente. La creciente interacción entre musulmanes y cristianos exacerba las contradicciones entre ellos e induce a una creciente intolerancia humana.-
 La pretensión universalista de Occidente, que lo lleva a pretender imponer sus valores en el resto del mundo, a mantener su superioridad económica y militar, y a intervenir en los conflictos del mundo musulmán  generan un enorme resentimiento.-
 Al fin de la década de los noventa, lo que nosotros hemos fechado como 11/9, volverán a reaparecer estas dos teorías y se debatirá acerca de la comprobación o no de las mismas. Pero también, es a partir de “la crisis del internacionalismo liberal” que se pueden explicar los atentados que cerraron la década.-
  Como nos recuerda el politólogo norteamericano Tony Smith: “el internacionalismo democrático liberal o wilsonianismo, ha sido la contribución más importante y distintiva de los Estados Unidos a la historia  internacional del siglo XX”[13]. Este tipo de internacionalismo se vio concretizado en la política exterior de Clinton como un wilsonianismo pragmático. En cierta medida se comprobaría aquí la tesis de Charles Kigley. El gobierno del presidente Clinton aplica un realismo en  política exterior con base en el idealismo wilsoniano.-
 Este wilsonianismo pragmático apunta a la extensión de la democracia y el libre mercado,  al aislamiento de los estados paria, y la protección de los derechos humanos. Sin embargo, como sostiene  Hoffman,  el pragmatismo es más visible que el wilsonianismo[14]. Pronto quedo demostrado que la promoción de la democracia y la protección de los derechos humanos supondrían el uso de la fuerza solo si estuviese en juego el interés nacional de los Estados Unidos.-
 Como sostiene el autor antes mencionado, retomando un discurso del consejero de seguridad de Clinton, Anthony Lake, “la expansión del liberalismo no era ipso facto un interés norteamericano, una inadvertida pero notable concesión a la realpolitik tradicional”[15].-
 Ante la aparente duda inicial si la agenda liberal puede ser impulsada por medios multilaterales, o en caso de necesidad, por los Estados Unidos, la respuesta fue la disminución del entusiasmo de la nación por soportar bajas humanas y costos financieros que implican la política del internacionalismo liberal.-
 Como sostiene Hoffman, “mientras  que la etapa de contención del poder soviético había provisto a la política internacional de una razón de ser fundamental, el neowilsonianismo parece provocar un lineamiento lábil y ha dejado al público norteamericano  profundamente ambivalente”[16].-
 La dimensión internacional del liberalismo norteamericano fue poco más que la expansión del liberalismo doméstico a escala internacional. El tipo de internacionalismo liberal alcanzado a través de la hegemonía nos lleva a preguntarnos que pasa después de esa hegemonía y si es legítimo un orden establecido de esa manera.-

El internacionalismo liberal ha sido efectivo ejecutando tareas económicas más que políticas, esto más allá de los resultados de esa liberalización en sí misma. Este internacionalismo hizo de las denominadas tareas negativas del liberalismo[17] su bandera y su mayor logro. Fue el triunfo del libre mercado, se logró establecer una sociedad económica transnacional. Pero en las tareas positivas[18] del terreno político no logró ejecutar con éxito sus proposiciones. Los dilemas de la seguridad internacional son muchos y caros, el surgimiento de nacionalismo  va en contra del orden liberal,  y hay una delgada línea entre autodeterminación-autogobierno[19] e intervención. Muchas de las misiones positivas en el terreno político llevadas a cabo por el internacionalismo liberal después de 1945 fueron desarrolladas como parte esencial en la guerra contra la amenaza totalitaria. Según Hoffman fue una notable fusión entre realpolitik e internacionalismo liberal[20].-
 El wilsonianismo pragmático asume que la naturaleza del régimen es una clave para determinar el comportamiento del Estado. Los Estado-nación liberales no pelean unos con otros. En este orden de ideas, se daba un acercamiento a la tesis kantiana de la “paz perpetua” en donde las democracias liberales no van a la guerra. Las guerras entre Estados es sólo uno de los perfiles del sistema internacional de pos Guerra Fría, lo que estaba en juego ahora era la naturaleza misma del Estado y cuando esa naturaleza era justificativa para intervenir o no.-
 El impulso no intervensionista se vio reforzado por la desaparición de la amenaza soviética y fue racionalizado a partir del argumento que la extensión del liberalismo político resultaría de la extensión del liberalismo económico a escala global.-
 Estados Unidos optó por abandonar la intervención directa a cambio de la aplicación de un fuerte poder cooptivo, materializado en las distintas agendas, regímenes internacionales y organismos internacionales en los cuales tenía la mayor proporción de voto de acuerda a sus aportes. El poder cooptivo pasó a estar en el lugar del poder activo.-
 Una variedad de temas económicos también ha puesto trabas en el camino a la visión de Wilson. Al enfrentarse a la falta de justicia social en la distribución de la riqueza o de los beneficios económicos y de los recursos entre y dentro de los Estados, el liberalismo internacional se mantuvo casi en silencio. Cuando levantó su voz lo hizo a favor de los tipos más extremos de laissez-faire  que dan primacía a la eficiencia sobre la equidad, tienden a mantener el statu quo mientras mantienen su confianza en la teoría del derrame.-
 La nueva economía transnacional ha restringido el poder de los estados, los privó de dar respuesta al denominado caos desde abajo, y de programar las políticas necesarias en ámbitos como al educación y la salud. También,  han resultado más permeables a los problemas como el tráfico de drogas y el armamentístico. Todas estas cuestiones ponen en peligro la gobernabilidad global. Hoffman concluye que: “el liberalismo -exitoso en reducir el poder del Estado- ha creado un nuevo poder que es anónimo pero formidable”[21]
 Si bien a partir de la formulación de la teoría de la Interdependencia Compleja, se puso en discusión al Estado como actor central de las relaciones internacionales, al incorporar a otras instituciones –corporaciones transnacionales, instituciones intergubernamentales, organizaciones no gubernamentales, etc.- que influyen sobre las acciones y toma de decisiones estatales, sigue siendo el Estado el principal actor dentro del sistema internacional, aun no se ha creado una nueva institución. Pero evidentemente, a pesar de las críticas que se le realizan al Estado en este mundo “globalizado”, como el culpable de muchos de los males que aquejan a las economías nacionales –Consenso de Washington-, sigue siendo el Estado el que formula las políticas sociales, de desarrollo y exteriores para su sociedad, y es quien da las respuestas ante los ciudadanos que reclaman día a día por las consecuencias de la aplicación de políticas económicas impuestas desde los foros internacionales, cuyo impacto en el ámbito social demostraron ser profundamente inequitativas y excluyentes.-
 El sistema internacional sigue siendo estatocéntrico. La respuesta continua pasando por el estado. Recordemos que ante los ataques del 11/9 la respuesta pasa nuevamente por el Estado.-
 La administración Bush tuvo tres desafíos: cómo responder a los responsables de los ataques, cómo reducir la vulnerabilidad ante potenciales ataques y cómo comprometerse con el mundo para bajar el número de  futuros atacantes. Y la base de toda esta respuesta está en el Estado. Iván Auger sostiene en referencia a Estados Unidos que: “para lograrlo, entre otras cosas, se convirtió al Keynesianismo, y la dogmática neoliberal fue súbito olvidada. El presidente Bush dijo que se podía gastar  a cargo del déficit fiscal en caso de guerra, de emergencia o de recesión”[22].-

Para cerrar este período el 11 de septiembre de 2001 no sólo demostró la vulnerabilidad de los Estados Unidos sino el fracaso de la combinación entre unilateralismo y aislacionismo, bases del programa del presidente Bush.-
 Tras los primeros años de fuerte apogeo, la crisis del internacionalismo liberal se hizo presente ya pasados los mediados de los noventa.  Este proceso se  cerró con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001.   En el sistema internacional, más allá del multilateralismo o el unipolarismo,  los procesos de integración o el aislacionismo, se vuelven continuamente al Estado. Porque ni el multipolarismo ni el unipolarismo existen sin el Estado como así tampoco los procesos de integración o el aislacionismo, pues ambos siempre son producto de una decisión de Estado.-

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