jueves, 3 de mayo de 2012

EL PENTECOSTES ESTUDIO BIBLICO


PENTECOSTES

Estimado amigo, cuando leemos: "...llegó el día de Pentecostés...", o: "...al cumplirse el día de Pentecostés", esto tiene un doble significado: En primer lugar, exteriormente visto, el día festivo anual judío había llegado otra vez. En segundo lugar: Este día de Pentecostés, no fue como muchos antes de él, sino que éste fue el poderoso cumplimiento de la Palabra profética, o sea, de la fiesta de Pentecostés antiguo - testamentaria.

Ahora bien, según el calendario cristiano, Pentecostés no tiene fecha fija, pero sí según el calendario judío. Ya el nombre lo señala. Pentecostés es una palabra que proviene del griego y significa el quincuagésimo, es decir, el quincuagésimo día. En Levítico 23:15-16, Israel recibe este mandamiento: "Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días..." En este día se celebra "la fiesta de las primicias" o "la fiesta de las semanas". Se comienza a contar siete semanas a partir del "día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida", o como lo dice Deuteronomio 16:9: "...desde que comenzare a meterse la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas".

Esto se hacía en Pascua, y la primera gavilla de cereales servía para ofrenda mecida en el Templo. El sacerdote la mecía delante del Señor.

Ahora veamos el triple cumplimiento de Pentecostés.

En Hechos capítulo 2, habla de Pentecostés como acontecimiento en la historia de la salvación:

En primer lugar, no solamente como el cumplimiento de los 50 días después de la "gavilla por primicia", o sea: después de la resurrección del Señor Jesucristo como la Primicia entre los muertos.

Luego, no solamente como el cumplimiento de los dos panes con levadura para ofrenda mecida como leemos en Levítico 23:16-17: "Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová. De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová". Pentecostés fue la hora de nacimiento de la Iglesia de Jesús compuesta por judíos y gentiles (dos panes para ofrenda mecida; con levadura: el pecado innato).

Luego, en tercer lugar, además de esto, según la declaración de Pedro en su poderosa predicación, se cumplió en Pentecostés la directa profecía de este grande e importante día en Joel 2:28-32. Leemos al respecto en Hechos 2:14-21: "Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo". Aconteció exactamente así como Joel lo había profetizado, y el cumplimiento de los versículos 18-21, lo tenemos inmediatamente por delante y hasta vivimos ya en medio de él.

En primer lugar, vamos a ver ahora lo que realmente aconteció en aquel día. En Isaías 32:15, el profeta predice: "...hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu". Y así aconteció. De repente, el Espíritu Santo fue derramado.

La obra del Espíritu Santo había comenzado: ¡La hora de nacimiento de la Iglesia de Jesús realmente había llegado! Las fuerzas del Resucitado fueron liberadas. Leemos en la palabra de Dios: "Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas". Es significativo que estos aproximadamente tres mil convertidos fueron todos judíos. Así, pues, la base de la Iglesia de Jesús es judía; otra vez, el Señor se reveló primero a Su pueblo Israel. Recién después, por medio de los apóstoles y especialmente por Pablo, el Evangelio llegó hasta nosotros, los gentiles, de los cuales Efesios dice: "En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo...Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu".

Este milagro de Pentecostés perceptible por los oídos y los ojos, fue un acontecimiento único en la historia de la salvación, como el viernes de Pascua, o sea, el Gólgota, como Pascua y la Ascensión: El resucitó una sola vez de la muerte y ascendió una sola vez al cielo, de donde pronto regresará. En Pentecostés se cumplió lo que leemos: "Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí".

Cada persona que cree en el sacrificio expiatorio de Jesucristo en la cruz del Gólgota y en Su resurrección, experimenta el Gólgota y la Pascua, estos acontecimientos de la historia de la salvación, también muy personalmente, a saber: el perdón de los pecados y el ser justificado. También recibe parte en Pentecostés, es decir, en el Espíritu Santo, y es incorporado en la Iglesia de Jesucristo, como lo dice 1ª Corintios 12:13: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu". Esta es una verdad bíblica; la pregunta es solamente si la conversión de la persona ha sido o no auténtica.

Por eso, querido amigo, quiero terminar este mensaje con la pregunta: ¿Se ha entregado totalmente y de todo corazón al Salvador Jesucristo? Examínese ahora delante de Dios y dele su respuesta personal a El. Que Dios le bendiga.
Querido amigo, como el viernes de Pascua, también Pentecostés es una realidad. Nuestro Señor Jesús dice al respecto en Juan 4:24: "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren". La palabra "verdad" significa autenticidad o realidad. En cuanto a este Espíritu Santo, el Señor prometió en Juan 16:13: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad". El Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Todo esto revela que Dios es Espíritu. Por lo tanto, todo lo que tiene relación con Dios, existe en el Espíritu. Si Pentecostés no hubiera acontecido, todo sería irreal. El Espíritu de verdad es, lo repito, el Espíritu de realidad. Por lo tanto, la realidad espiritual existe solamente en el Espíritu. Es lo que sobrepasa al hombre y la materia. Solamente lo que existe en el Espíritu Santo, es espiritualmente auténtico, porque todas las cosas espirituales son alimentadas por él. Por eso, Efesios 5:18 nos da el mandamiento divino: "...sed llenos del Espíritu". Pues tan pronto como algo está fuera del Espíritu Santo, llega a ser letra muerta, y se infiltran los espíritus engañosos. Pues las cosas espirituales solamente son auténticas, vivas y llenas de fuerza de vida, cuando suceden en el Espíritu Santo. Es él, el que nos guía a toda la realidad. Cualquier cosa que alcancemos sin el Espíritu Santo, con seguridad no será espiritualmente real. Todo lo que se puede conseguir tan sólo por escuchar, pensar o por los sentimientos, espiritualmente visto no es real. Siempre tenemos que recordar que el Espíritu Santo es el ejecutor de todas las cosas espirituales. Toda cosa espiritual tiene su realidad delante de Dios. Como Iglesia de Jesús, deberíamos retenerlo bien. Si lo que hemos alcanzado es solamente apariencia y no realidad, entonces un día nos daremos cuenta de que no tiene ningún valor espiritual.

Todo lo que sucede en el Espíritu Santo, es real. Cada uno que entra en contacto con esta realidad, recibe vida. Pues vida y realidad siempre van juntas. Todos los que quieren tener parte en la vida espiritual, deben darle la importancia que le conviene a la realidad espiritual. Desde Pentecostés, la fuerza del Espíritu Santo ha nacido de nuevo en innumerables personas en todo el mundo a través de la Palabra de Dios.

Ahora bien, estimado amigo, veamos: Pentecostés y el cumplimiento de profecía directa.

Cuando en Pentecostés muchos pensaban que los discípulos estaban ebrios, Pedro señaló en su breve pero poderosa predicación lo que realmente era este acontecimiento. Leemos en Hechos 2:15-21: "Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel (Joel 2:28-32): Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra sangre y fuego y vapor de humo; el sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto; y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo".

Hechos 2:17 y Joel 2:28 se refieren a "toda carne". Esto significa: El Espíritu Santo estaba y está obrando en todos los pueblos que escucharon y escuchan el Evangelio. Pentecostés no se limita tan sólo a Israel. Hay que notar el tiempo que Joel indica para Pentecostés. Los capítulos 1 y 2 describen los juicios del tiempo final y la promesa de la restauración nacional de Israel. Por lo tanto, Pentecostés tendrá su último cumplimiento en el restablecimiento espiritual de Israel. Acontecerá cuando el Señor derrame el Espíritu de gracia y de oración sobre todo Israel (comp. Zac. 12:10).

Sin embargo, ya en nuestros días experimentamos el cambio: El Espíritu de Dios, figuradamente hablando, es llamado a retirarse de las naciones para obrar en Israel. Así lo leemos en Ezequiel 37:9b: "Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán". Vemos hoy cosas asombrosas en Israel, de cómo el Espíritu de Dios - sin valerse del cristianismo de los gentiles - obra en muchos israelíes para que puedan conocer a su Mesías.

El profeta Joel profetizó acerca de Pentecostés unos 900 años antes de Cristo. Además, tenemos aquí otra vez una profecía que comprime períodos de milenios. De una vez se nombran Pentecostés (Joel 2:28.29) y los juicios finales: "Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová" (v. 3-4).

Este día "grande y espantoso de Jehová" será anunciado por el arrebatamiento repentino de todos los creyentes. Verdaderamente, en Pentecostés comenzaron "los postreros días": "Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne..." Debemos aprender a ver los períodos de la historia de la salvación tal como Dios los ve y los mide. Mil años son como un día para con el Señor (2 Pe. 3:8). Así comprendemos también mucho mejor lo que dice Hebreos 1:1-2: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo..." Sí, nuestra propia situación de tiempo postrero, de repente llega a ser mucho más clara cuando leemos 1 Corintios 10:11: "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos". La Iglesia de Jesús es la retaguardia de la historia de la salvación.

Querido amigo, Pentecostés es avivamiento

Lo que aconteció en la fiesta de Pentecostés fue una poderosa y nunca vista irrupción del Espíritu de Dios. Los avivamientos siempre son únicos, pero en el día de Pentecostés aconteció por primera vez que unas 3.000 personas nacieron de nuevo, y esto "de agua" (la Palabra de Dios) y "del Espíritu" (Pentecostés) .

Desde el día de Pentecostés, este avivamiento ha continuado a través de los siglos. Cuando se interrumpía, la causa era siempre la falta de los dos elementos esenciales de Pentecostés: la Palabra (de la cruz) y el Espíritu Santo. Así se le quita a Pentecostés su verdadera sustancia. Así como hoy en el día de la reconciliación de los judíos falta la verdadera sustancia, muchas veces se celebra y "se cree" en Pentecostés sin los elementos esenciales: la Palabra y el Espíritu Santo.

Los dos obraron y obran siempre juntos, ya en la creación. Leemos en Génesis: "...y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios... "

Y aquel Verbo "fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad", dice Juan 1:14; y el Espíritu Santo Lo glorifica tal como El es: como el Cordero de Dios. El Señor Jesucristo era el centro del día de Pentecostés. Esta es también la explicación de por qué Pentecostés es avivamiento. El primer Pentecostés en la historia de la salvación, ¿no fue un poderoso avivamiento, tanto más que el centro, el origen, o sea, la fuente era la Palabra profética, hecha viva por el Espíritu Santo? Pero si festejamos Pentecostés una vez por año solamente por tradición histórica, o sea, eclesiástica, entonces perdemos el avivamiento que el Señor quiere darnos hoy.

Como ya hemos visto, el día de Pentecostés debía cumplirse. Los discípulos del Señor lo esperaban, de acuerdo con Su mandamiento. Los tiempos fijos de Dios, Su consejo y propósito, son incambiables. Debía llegar el día de Pentecostés e iba a llegar - con o sin los discípulos. Pero los discípulos se dejaron incluir en el consejo de Dios. Querían participar en él y cumplieron la condición absolutamente necesaria para esto:
Unanimidad, de la cual queremos hablar más en el siguiente programa.
Querido amigo, acerca de la unanimidad leemos en Hechos 2:1: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos".

Esto contesta también la pregunta de por qué, a pesar de todas las oraciones y todos los ruegos por un avivamiento, no hay respuesta de Aquel que dijo, por ejemplo, en Isaías: "Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal". Querido hermano, querida hermana: Nuestro Dios reacciona enseguida, rápida y completamente, cuando Sus hijos están juntos unánimes en oración. Leamos una vez más Hechos, donde se habla de cuatro reacciones de Dios:

En primer lugar leemos "Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba..." Esta fue la reacción acústica. ¡El mundo lo oyó!

Luego vemos: "...el cual llenó toda la casa donde estaban sentados". Esta fue la reacción atmosférica del Espíritu de Dios. ¡Todo el mundo lo sintió!

En tercer lugar:"...y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos..." Esta fue una reacción óptica. ¡Todo el mundo lo vio!

En cuarto lugar, fue una reacción del Señor para cada uno personalmente, pues no leemos que las "lenguas repartidas, como de fuego", se asentaron sobre todos. No, sino que mucho más. Leemos en el versículo 3b: "...asentándose sobre cada uno de ellos". Cada hijo de Dios fue alcanzado individualmente, juzgado a fondo y llenado por el fuego del Espíritu. Luego, sin embargo, esta experiencia individual llevó al avivamiento colectivo, pues leemos a continuación: "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo...". Pero el factor desencadenador, la base para esto la encontramos, como ya dijimos, en el versículo 1: "...estaban todos unánimes juntos". Sin embargo, perdemos el avivamiento colectivo si negamos la unanimidad interior. Pero si se cumple con la condición de la unanimidad en tu iglesia local, ¡entonces el avivamiento ya está presente! Bien entendido, no se trata de una unanimidad artificial. Muchas iglesias y obras misioneras descansan en ella, pero la respuesta de Dios no llega.

Ahora bien: ¿Qué hay que entender bajo unanimidad artificial?

Esto quiere decir, poner al mal tiempo buena cara, adaptarse, hacer como si realmente se hubieran aceptado mutuamente, aunque sigan viviendo un rechazo en el corazón. En muchos lugares están sentados "unánimes" en los cultos - ¡pero la respuesta del Señor no llega!

¿Qué dice el Señor a esto? Leamos Romanos: "El amor sea sin fingimiento". O en 1 Timoteo: "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio". Pero, justamente, el amor fingido es el gran impedimento por el cual el fuego visible en Pentecostés, hoy es retenido por Aquel que dijo: "Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?". Pero en muchas iglesias locales, la unanimidad de los creyentes existe sólo exteriormente.

Sin embargo, estamos fuertemente equivocados si creemos que debemos mover a Dios con nuestras oraciones y hasta hacerle cambiar de opinión, para que por fin dé un avivamiento. Es justamente lo contrario: Nosotros debemos ser renovados en nuestra opinión, convencidos, cambiados y quebrantados, lo que acontece por la oración persistente. Si oramos sinceramente y con persistencia, a solas y juntos, el Espíritu de Dios creará en todos nosotros la condición previa para la verdadera unanimidad interior. No, tus oraciones no deben cambiar al Dios eterno e invariable, quien quiere dar un avivamiento, ¡sino que tienen que cambiarte a ti! Tu orgullo y tu presunción en tus pensamientos frente a tu prójimo deben ser quebrantados. Entonces la unanimidad está aquí, y con esto también el avivamiento. Solamente entonces cambia la situación en su matrimonio, en su lugar de trabajo y en su iglesia local. Deje por fin de volverse con acusaciones contra los demás (aunque sea solamente en pensamientos); ¡vuelva en sí! ¡Deje de aparentar una unanimidad que no existe en su corazón! ¡Despójese hoy de su carácter orgulloso y ambicioso, que causa división! Ya sólo el pensamiento: Soy mejor que el otro, destruye toda unanimidad. Deje que Jesucristo sea el centro de su corazón y de su ser, entonces la unanimidad interior con el hermano y con la hermana ya será un hecho, ¡porque entonces se habrá despojado de esta baja terquedad de mirar con desprecio al otro, para vestirse del carácter del Cordero!

Pero si no lo hace, sigue siendo un asesino de la nueva vida que quiere brotar. Pensemos en este contexto en el llamado aborto: ¡Qué terrible es que en todo el mundo, innumerables niños ya sean asesinados antes de su nacimiento! Esto tendrá como consecuencia ineludible un juicio espantoso de Dios, pues El lo ve. Pero es exactamente lo mismo con la nueva vida espiritual que brota. El temor se apoderaría de la Iglesia de Jesús, si muchos de sus miembros reconocieran: Por mis malos pensamientos y por mis malas palabras, que yo he pensado y divulgado sobre mi prójimo, yo mismo mato toda nueva vida espiritual que quiere brotar. ¡Pues yo soy la persona (¡no el otro!) que se defiende con toda fuerza contra la irrupción del Espíritu Santo para un avivamiento! Nuestra vida está tejida de confusión, de tal manera que casi no hay reproche que dirigimos contra el prójimo que no podamos aplicarlo a nosotros mismos aún antes que él lo escuchara. "Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo" (Ro. 2:1).

Por la unanimidad se salva a los perdidos.

¡Cómo respondía el Señor inmediatamente desde el cielo, cada vez que los discípulos estaban unánimes juntos! En Hechos 2:46-47 leemos: "Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos." ¡El resultado fue que continuamente se salvaban almas!

Querido hermano, querida hermana, es bueno hacer muchos trabajos prácticos y poder obrar mucho para el Señor. Pero ¿dónde queda la irrupción del Espíritu? ¿Dónde queda el avivamiento? ¿Dónde están las almas por las cuales está orando para que lleguen a Jesús? No podemos pasar por alto el peligro mortal de que las personas que más están dispuestas a ocuparse de cosas prácticas son las que menos encuentran en sí mismas el móvil del Espíritu de Dios; siempre necesitan un empuje desde afuera. ¡Escuche sienta hoy el empuje de la Palabra de Dios! No diga: No puedo ser unánime con este o aquel hermano o hermana. Esto se lo sugiere el diablo, que tiembla ante un avivamiento, o sea, ante la irrupción del Espíritu de Dios. Muchos hablan de tentaciones. Pero justamente las tentaciones son la señal de que Dios está dando un avivamiento.

¡Qué amenazados, intimidados e indecisos, eran los discípulos antes de Pentecostés! Pero cuando fueron llenos del Espíritu Santo, el temeroso Pedro llegó a ser un héroe. Es esencial que comprendamos esto. No hay prueba más confiable de tener la plenitud del Espíritu que el no dejarse irritar por nada que se nos pueda enfrentar. Pedro permaneció tranquilo cuando algunos se burlaron de él. Lleno del Espíritu de Dios, respondió a sus adversarios de Hechos: "...éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños".

Con esto, Pedro testificó una vez para siempre que los que están unánimes en avivamiento, son ellos mismos el cumplimiento de la profecía. ¡Pero todos los demás, que permanecen fuera de esta unanimidad, le quitan su credibilidad a la Palabra de Dios!

Esta Palabra Suya le habla ahora a usted, hecha viva por el Espíritu Santo. Lo decisivo en esto es que Su Palabra le compunja ahora el corazón. ¡Qué así sea, estimado amigo!. Amén.
Estimado amigo, así como nosotros hablamos con nuestros hijos para educarlos en el temor del Señor, el Señor nos habla a nosotros. La única verdadera influencia moral en los niños depende completamente de la manera cómo les hablamos, cómo nos comportamos frente a ellos, cómo los tratamos. Calor y sentimiento, veracidad, convicción y firmeza deben manifestarse en ello. Así el Señor le habla ahora a usted. ¡Quiere hacerle llegar a la unanimidad! Y si los hijos se dejan influenciar para hacer lo bueno, si se convierten al Señor por el ejemplo de sus padres, entonces son unánimes como familia, y su testimonio de vida y de palabras compunge los corazones de aquellos que los ven y escuchan.

Es de importancia decisiva que ahora se deje mover e influenciar por Su Palabra mediante el Espíritu Santo, de manera que tenga el coraje, a pesar de todas las amenazas del enemigo y justamente a causa de ellas, de entrar en la unanimidad interior de los hijos de Dios. Así lo hicieron Pedro y Juan en aquel entonces: Cuando fueron amenazados por el Sanedrín, el Consejo de los judíos, que en "ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús", buscaron luego enseguida a sus hermanos en la fe y se lo contaron. La bendita reacción a esto fue la siguiente como dice la palabra de Dios: "Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús. Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios".

Estimado amigo, ¡Qué maravilloso círculo de vida!: El avivamiento en Pentecostés - la amenaza del enemigo - la profunda unanimidad de los hijos de Dios - la poderosa fe en Su Palabra - nuevo y más profundo avivamiento.

Ahora bien, querido amigo, observemos que la verdadera unanimidad es un don de Dios.

Pentecostés y avivamiento van inseparablemente juntos; es una y la misma cosa. Pero la condición primordial para esto es la unanimidad interior. Sí, dices, pero ¿cómo hacerlo? La Biblia no nos deja en la duda al respecto. Nos explica exactamente cómo llegar a esta unanimidad desencadenadora de avivamiento, en Romanos 15:5-7:dice la palabra de Dios: "Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibios los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios".

"El Dios de la paciencia y de la consolación" quiere darle unanimidad con su hermano y con su hermana. Ahora bien, ¿qué tiene usted, pues, que hacer para esto? Solamente lo que Jesucristo hizo con usted. ¿Qué, pues? En el versículo 7 leemos: "Por tanto, recibios los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios". Recibiéndole, Jesucristo restableció la unanimidad destruida entre el eterno Dios santo y justo y usted. Pero esto solamente lo pudo hacer por aceptar la cruz. De ahí es claro: El que no quiere llegar a esta unanimidad que enciende fuegos, en realidad rechaza la cruz.

¿Sabe estimado amigo? Cuando Pablo estaba preso en Roma, verdaderamente hubiera tenido suficientes problemas consigo mismo. Pero su mayor preocupación no era su propia situación difícil, sino que consistía en que los filipenses guardaran la unanimidad. Él sabía, con base en las palabras de Jesús en Marcos 3:24: "Si un reino (o una iglesia local) está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer". Por eso, escribió a los filipenses: "Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo"

Me dirijo ahora a aquellos entre mis amigos que quieren que Pentecostés, o sea, el Espíritu Santo, llegue a causar avivamiento en su propia vida. Jesucristo, que es el Pan de vida, quiere que usted sea parte de este Pan. Esta es la unanimidad orgánica de la cual habla 1 Corintios 10:17 dice la palabra de Dios: "Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan". Por eso, la unanimidad espiritual es la suma expresión, la más fuerte manifestación del cuerpo de Cristo (un pan). Así comprendemos que la muy profunda oración de nuestro Señor a Su Padre es el verdadero propósito de la fe en El. Leemos en Juan 17:20 - 21: "...ruego...por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste".

Si, pues, somos uno entre nosotros, en el Padre y con el Hijo, ésta es, según las palabras de Jesús, la condición para que los incrédulos puedan llegar a la fe en Jesucristo. Esta es la unanimidad de la cual hablamos, que tuvo por primera vez en Pentecostés un efecto tan poderoso que unas 3.000 personas se convirtieron auténticamente y nacieron de nuevo. Una unanimidad así provoca irrecusable y rápidamente lo que nosotros con todos nuestros esfuerzos nunca podemos traer, a saber, un avivamiento, cuanto más que esta unanimidad está fundada en Dios por Jesucristo.

Donde se encuentra esta unanimidad, esta armonía, allí el Señor da bendición y vida eterna. Por eso, el Salmo 133 resuena de júbilo cuando dice: "¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna".

Ahora también querido amigo, querida amigo, comprendemos por qué el enemigo hace los mayores esfuerzos para destruir la unanimidad, esta armonía que obra milagros, entre los hijos de Dios: por pensamientos contra el prójimo, suposiciones, imputaciones y por palabras malignas e hipócritas.

Nuestro Señor Jesús oró a Su Padre por la unanimidad de los hijos de Dios. ¿Quiere que Su oración sea respondida en usted y a través de usted? Si es así, despójese ahora de sus palabras y pensamientos negativos y malignos, humillándose y arrepintiéndose delante del Señor Jesús. Luego acérquese a su prójimo o a sus prójimos y reconcíliese con él o ellos dice la palabra de Dios: "Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios". ¡De esta manera usted crea el espacio para un avivamiento que hasta este momento fue bloqueado, por lo cual se cumple la voluntad del Señor, y para "gloria de Dios" se salvarán aún muchos perdidos! Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada